Talento cero

Paseando numerosas veces por la blogósfera me he encontrado con posts que hacían su descargo sobre las malas publicidades. La primera vez expresé mi opinión al respecto. La segunda vez, y algunas siguientes, copié la opinión que había dejado. Y hoy la expongo aquí [con algunos retoques]. Sepan disculpar que las publicidades aducidas no están recién salidas del horno. Eso sí, a todas ellas y a sus creadores, según mi criterio, les faltan 5 minutos de horno.

Odio los comerciales dirigidos a las mujeres por el bajo y nefasto estereotipo que implican:
- Las de toallitas femeninas que te hacen “respirar” y la de calmantes para dolores menstruales “que te solucionan la histeria”.
- Las de yogures para ir al baño, porque no es cuestión ser una estreñida con cara de orto, por sentirte hinchada, pesada y demás sensaciones que no queremos imaginar.
- Las de yogures para hacer dieta, porque con un yogurcito por día quedas divina, no te hace falta siquiera ir al gimnasio porque el milagroso y pastoso brebaje te levanta el culo y te aplana la pancita.
- Las de jabón en polvo y lavarropas automáticos, que son la combinación perfecta para que tengas una "vida". Si no fuera por el lavarropas no tendrías tiempo libre.
- Las de de productos de limpieza, cualquiera sea, porque la mujer sólo puede aspirar a ser ama de casa y mamá y la felicidad consiste en tener la casa limpia y desinfectada. Y una vez que limpias, la casa se ordena sola.
- Otra que me molesta soberanamente es la de Ser, creo, esa en donde una enferma dice "si, soy mujer, se lavar, planchar y se hacer angioplastía coronaria múltiple"
Si, yo también soy mujer, trabajo, estudio y hago unos petes de la puta madre!!!
- y esa de Pepsi, la del pocker de pechochas. ¡Me indigna!. El mensaje es que las mujeres somos objetos, tan objetos, que podemos ser objeto de una apuesta de 3 boludos. Además de ser totalmente inverósimil, porque nadie puede creer que unas minas , ni las más tontas del planeta, se van a acercar a estos giles y en patota, que ni siquiera les ofrecen tomar algo, porque tienen una pepsi chica de envase de plástico en la mesa.
¡Señores publicistas! ¿Cómo pueden tener trabajo con ideas tan patéticas?. ¿Cómo?

Y a vos, ¿cuál te molesta?


Lo digo o no lo digo [Consultorio 3]


Hola Julia, hola a todos... soy María Sol, me encanta tu blog es muy entretenidooo...tengo 25 años y estoy como loquita por mi amigo de hace un par de años que se llama Ivan, lo re quieroo, pero no me animo a decirselo aunque tal vez se lo imagine... que lo quiero, lo adoro y lo necesito.
El tema es que cuando recien lo conoci estuvimos a los besos un par de veces pero despues yo conoci a otros chicos y deje de estar con él.
Hoy por hoy, nos vemos siempre y me encanta estar con él y me confunden mucho sus actitudes, no se si es simplemente histeria masculina o si sus abrazos, besos y apretones (etc.) significan algo más. Mi gran temor es confesarle lo que siento y que me rechace... que tendría que hacer querida Julia??

besos, enormes!! y gracias

María Sol

PD: Ivan tiene 22 años


Cosa curiosa es que tanto tu consulta como las anteriores hayan versado en casi lo mismo: chicas de 25 años marcando la edad del posible candidato, porque es unos años más chico o porque es unos años más grande, como algo trascendental. ¿Acaso sólo pueden relacionarse con alguien de su misma edad?. Me llama la atención.

Ahora, estimada María Sol, enfoquémosno en tu consulta. Según entiendo, éste talibán, digo éste tal Iván, con sus 22 años, no arruga para darte besos, abrazos y apretones. Podemos descartar que el muchacho sea gay, que ya es decir mucho. Estamos ante la presencia [bah, en realidad vos estás] de un heterosexual con quien te ves siempre y con quien te encanta estar. Hasta acá todo viene bárbaro. Pero evidentemente te está molestando no decirle lo que sentís. Creo que cuando se instala en uno la necesidad de plantear lo que nos pasa ya no hay vuelta atrás. Uno puede hacerse el distraído un tiempo, no escucharse y no hacerse cargo de que queremos una definición, aunque sea por penales; sin embargo no podemos mirar para otro lado mucho tiempo. Siempre pesa más esa congoja que genera la incertidumbre de no saber si podemos aferrarnos que el temor a escuchar una respuesta que nos lastime. Es por eso que en todas las relaciones llega el momento tan temido por todos de preguntar, en todas sus variantes, ¿que somos?, aunque odiemos las etiquetas.
Entonces niña, no puedo más que decirte que si sentís la necesidad de confesarle a Iván que lo querés, hacelo. Tampoco es que le vas a proponer casamiento. Decir te quiero no es trágico y es liberador. Y tal vez recibas la misma respuesta. ¿Y si él tiene miedo al rechazo? No te olvidés que una vez lo dejaste vos.
Y en caso de que tus sentimientos no sean correspondidos, mejor saberlo ahora que seguir alimentando esperanzas, con la ventaja de que eliminás la duda y te quedás con la tranquilidad de que hiciste las cosas bien.
En una palabra: ¡Decílo! [hubiera sido un post muy corto si te respondía sólo eso].

Como dijo Solita Silveyra, adelante mi valiente [que alguien me mate ya mismo por escribir esto].

El que busca no siempre encuentra

Quizás desconociendo el destino errado que les deparará el buscador de Google, muchos incautos aterrizan en este blog buscando respuestas a sus curiosidades e inquietudes, algunas perturbadoras, otras irrisorias y otras, por qué no, ilusas.

Pero a vos, pequeño saltamontes del anonimato virtual, que tenés la imperiosa necesidad de buscar en gúgul "qué señales mandan las mujeres que quieren sexo", te aviso que, así, no la vas a poner nunca.






Gracias Pandemia por tu colaboración.


Publicidad negativa


Amigo 100% Cuida:
Me preguntaron por vos.
Julia:
¿Ah, si? ¿Y qué dijiste?.
Amigo 100% Cuida:
Que sos casada y que tenés un montón de hijos.
Julia:
Ja, ja. ¿Por qué mentís?.
Amigo 100% Cuida:
Porque sí. A otros les dije que sos gay.
Julia:
¿Gay? dejá de difamarme ja, ja.
Amigo 100% Cuida:
Pero eso más que ahuyentarlos, los entusiasma.


Si te he visto, no me acuerdo

- A ese pelado lo vi en algún lado - le susurré a Sole - Creo que toca la guitarra - continué.
- Está bueno - dijo Sole - y el amigo también.
No era más que una conversación de sábado a la noche, pub mediante. Trataba de recordar de donde conocía al supuesto guitarrista cuando éste se acercó a nuestra mesa y comenzó a hablarle a Sole. Lo secundó el amigo y le siguieron las presentaciones. El pelado y su amigo tenían por nombres Gabriel y Esteban respectivamente.
- No, yo no toco la guitarra - aseguró Gabriel - y la charla tomó otro camino.

Sole y Gabriel se entendieron de la misma forma que Esteban y yo. La madrugada trajo consigo mimos y besos. Y el amanecer fue testigo del intercambio de teléfonos y promesas de vernos a la noche siguiente. La cita era doble. Nos encontramos en un bar, tomamos cerveza, nos divertimos pero en algún punto de la noche nos separamos. Sole se fue con Gabriel y Esteban y yo nos fuimos a su casa.
- Te voy a hacer ver las estrellas - prometió Esteban mientras me llevaba de la mano hacia la habitación. Traté de contener la risa por lo cursi de la frase pero estallé en una carcajada cuando miré hacia el cielorraso y descubrí que estaba repleto de estrellas fluorescentes que brillaban en la oscuridad. Minutos más tarde estallé, pero no en carcajadas.

A los días salimos los cuatro de nuevo.
- Julia, ¿te conozco de algún lado? - me dijo Gabriel.
- No creo. Mirá que yo tengo memoria fotográfica y además tu nombre no me suena - contesté y agregué - Una vez conocí un pelado que hacía parapente, ¿vos me dijiste que haces aladeltismo?
- Si, yo vuelo en ala delta - respondió.
- Ah, parecido pero nada que ver - concluí.

Cierta tarde estábamos tomando mate Esteban, Sole, Gabriel y yo. Grabiel hablaba de sus vuelos y "ala delta" retumbó en mi mente. Sole se levantó hacia la cocina y de ahí lo llamó: "Gabriel" y su nombre también resonó. Esteban bromeaba con algo y pronunció "pelado" y dio vuelta por mi cabeza la expresión "rulos". Gabriel contó algo de su facultad y la carrera "cine" me hizo click. Sole había ido hasta el baño, me levanté sin decir nada, y le golpeé la puerta insistentemente para que me abriera.
- ¿Qué pasa Julia? - inquirió Sole. Entré al baño y cerré la puerta.
- ¿Te acordás la noche que conociste a tu ex novio?
- Si, hace casi 2 años.
- ¿Te acordás que yo conocí a un chico y estuve a los besos?
- Si, si.
- ¿Te acordás como era?
- No, creo que no lo vi... ¿por qué?, ¿qué pasa?
- Bueno, era pelado y hacía aladeltismo.
- Nooooooooo, ¿y recién te das cuenta? - dijo riendo
- Si Sole, estaba muy borracha - y reí también.

Salimos del baño tratando de no perder la compostura, cosa que no logramos. Nuestra seriedad se esfumó ante las miradas de Gabriel y Esteban, y empezamos a reír otra vez. Desconcertados preguntaban cual era el motivo de nuestras risas.
- Gabriel, viste que te dije que conocí un pelado que hacía parapente.
- Si - respondió.
- Bueno, sos vos.
Y las risas continuaron. No me había sonado el nombre Gabriel por la común sustitución de llamar "pelado" a quien luce su calvicie natural o provocada. Y recordé que él tampoco me llamaba Julia. Ante mi agitador mote él retrucaba un "rulos". Y por la desmemoria y confusión de deportes aéreos sólo puedo pensar que la culpa fue de la cerveza.

Julia ¿vamos a tomar algo?

Decidí hacer mi propio organigrama.

La situación de la izquierda es cuando la propuesta viene de mis amistades. Y el resto pasa por mi mente cuando la proposición viene de algún caballero que me gusta. Por razones de extrema inutilidad y falta de paciencia no pude agregar el dilema de "me depilo con cera o me paso la epilady". Pero la idea no se aleja demasiado del siguiente gráfico.


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Update: Para los que tienen duda sobre qué es el círculo vean aquí.


Lo que pasa por tu mente cuando alguien dice "vamos a tomar algo"

Las imágenes a continuación son machistas [pero graciosas]. Sin embargo cuando alguien dice "vamos a tomar algo" sólo pienso en cerveza helada. Caso distinto si se trata de una cita. Pero mi mente no va mucho más lejos que el punto de vista másculino del último gráfico. Y no debo ser la única.







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