Rodado 15


Andrea contaba entusiasmada algo a unas compañeras de tercer año. Entré al aula y ella me hizo una seña cómplice para que me uniera a la conversación. La novedad que las tenía alborotadas era que Andrea se había puesto de novia. Nos respondía con una sonrisa a cada una de nuestras preguntas sobre su edad, signo, domilicio, como se llama, cual es el apellido.
- Se llama Jorge. Jorge Fúnes.
- ¡Pará! ¿Jorgito Funes? ¿De barrio Jardín? - pregunté.
- Si, ¿lo conoces? - sorprendida inquirió Andrea.
- Si - dije riendo - ¡Fue mi novio en séptimo grado!
Después de reírnos de la coincidencia, Andrea quería que le cuente todo de Jorgito y sus andanzas en mi escuela primaria. A la salida del colegio fui a almorzar a su casa. Terminamos de comer y nos fuimos a buscar privacidad al porche. Nos sentamos en un escalón y vimos que un chico andaba en bicicleta detuvo su marcha unos metros más allá. La casa de Andrea estaba en una esquina. El muchacho de la bicicleta frenó en la esquina del frente. Puso los pies en la calle pero no se bajó de la bici. Sumergidas en nuestra conversación lo ignoramos completamente. Andrea me consultaba sobre mi eterno noviazgo de un mes en septimo grado con Jorgito y yo le relataba sobre el amor y el desamor a los 12 años. Con apenas 15 años mirábamos nuestra infancia reciente como si fuera totalmente lejana y nos costara recordar, a la vez que nos avergonzaba y nos hacía reír. En eso estábamos bajo el sol de aquella siesta, cuando de pronto distrajo nuestra atención un movimiento frenético que provenía de la otra esquina. Ninguna dijo nada. Ninguna quiso mirar. Seguimos hablando. Pero de reojo alcanzamos a ver algo que salpicaba. Unos segundos después el chico de la bicicleta se fue.
- ¿Viste eso? - le pregunté.
- Si - dijo Andrea - Y nos levantamos para ver. Sospecho que en el fondo sabíamos lo que pasaba pero ninguna lo quería poner en palabras. Llegamos a la otra esquina y examinamos el asfalto. Vimos unas gotas extrañas, como mocos. Nos miramos.
- Dddddd que asco! ¿Eso es...?
- Si, es semen! - respondí.
Pegamos un grito de espanto y corrimos hasta su casa. Andrea llamó a su madre para contarle. Mientras inténtabamos explicarle nos agarró un ataque de risa. Su madre ya no sabía si llamar a la policía para denunciar que un exhibicionista se había masturbado con completa impunidad en presencia de dos menores, o si reírse con nosotras.
- ¿Pero cómo no se dieron cuenta? - nos reclamaba la madre
- Yo pensé que estaba inflando la bici - respondió Andrea mientras imitaba el uso de un inflador.
No nos podíamos poner serias y, como adolescentes que éramos, bromeábamos constantemente y nuestras carcajadas retumbaban en la sala. La madre seguía dubitativa pero sin poder contener su risa.
- Si, llamá a la polícia - le decía Andrea.
- Si, el tipo ya se fue, pero tenemos el semen del delito - agregaba yo.

Finalmente la madre llamó y nosotras nos encerramos en el cuarto de Andrea para seguir hablando de Jorgito Fúnes, esperando esta vez que ningún hecho bochornoso empañara nuestro inocente diálogo.

La continuidad de los parques

Un cuento de Julio Cortázar del libro Final de Juego.


Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


Confesiones enredadas

- Conversación virtual Nº 1:
[en pleno debate sobre las relaciones con el sexo opuesto]
Julia
Soy un desastre para recibir piropos. No se qué decir. Siempre contesto con sarcasmo, o estallo en risas, o digo alguna ironía.
Emma
Aaaay, somos dos. Decime por qué no nos callamos.
Julia
¡No se! Cuando un tipo me dice "que piel suave" o algo por el estilo, en vez de sonreír y callarme la boca, viene a mi mente que no es la primera vez que me lo dicen, y quiero preguntar: ¿las demás mujeres tienen papel de lija en lugar de piel?. Y como no lo pregunto digo alguna estupidez semejante.
Emma
Noooo. Yo también he pensado eso cuando me piropean la piel. ¿Será que tienen papel de lija?
Julia
Que mal que estamos. Será.

- Conversación virtual Nº 2:
[luego del interrogatorio queesdetuvidaquehacemuchoquenosenadadevos]
Martín
Así que andas acompañada!
Julia
Algo así
Martín
Que bueno por vos pero que envidia por el afortunado.
Siempre me acuerdo de lo bien que la pasaba con vos
Julia
Fue una linda historia
Martín
Si.
Me gustaba besar tu espalda
Julia
Ah, bueno.
Martín
Mejor no sigo.
Julia
A mi no me molesta, ja, ja.


- Conversación virtual Nº 3:
[Combinando para vernos]
Daniel
Julia, un pregunta... ¿vos te tocas?
Julia
Si
Daniel
¿Y alguna vez te tocaste pensando en nosotros?
Julia
Puede ser... alguna vez.
Daniel
yo algunaS veces
y anoche fue una
Julia
ahá
Daniel
Te tengo muchas ganas negra
Julia
Ya veo
Daniel
Si? qué ves?
Julia
Veo que el ratón más chico está escribiendo por vos ja, ja.
Daniel
Ja, ja. ¿y tus ratones?
Julia
El más grande me está cebando mates.


Super-Calzoncillos is back


Las visitas a la casa de mi ahijado suelen ser anunciadas. Él me espera, ansioso. Y no me perdona que llegue tarde. Suena mi celular. Atiendo:
- Madrina ¿donde estás?
- Hola Alejo, estoy saliendo.
- ¿Por qué no venís?
- Si voy, estoy saliendo para tu casa, en un ratito llego.
- No te demores más, apresúrate.
Y dale con el español neutro.

En una visita inesperada, Alejo me pregunta:
- Madrina ¿que hacés acá?.
- Hola ¿no? - y lo besuqueo a pesar de sus protestas. La curiosidad lo puede, e insiste:
- ¿A qué viniste?
- Vine a buscar unas cosas.
- ¿Qué cosas?
- Una ropita que a tu hermana no le entra más para llevársela a mi sobrinita.
- Aaaaah... pero te la llevas con una condición.
Ahora me pone condiciones, pienso.
- ¿Cuál condición?
- Que la otra bebé use la ropa de mi hermanita.
- Si Alejo, si no la usa te la traigo de vuelta, ¿si?
Pensativo, mira para el techo. Luego me mira. Y de la condición pasamos a otro nivel de negociación.
- Pero hagamos un trato - me dice.
- ¿Un trato?
- Vos te llevas la ropita de mi hermana, la bebé la usa y me llevas a conocerla.
- Si, por supuesto que la vas a conocer.
- ¿Y qué más te vas a llevar? - pregunta luego de escuchar que la madre me anuncia desde otra habitación las cosas que me va a dar.
- El moisés chiquito me llevo también -le digo.
- Ah, pero hagamos un trato.
- ¿Otro trato? A ver, decime.
- Si te llevas el moisés me tenes que dar 10 millones de tréqueles - y abre los dedos de sus manos apuntando las palmas hacia donde estoy yo.
- ¿Y qué son los tréqueles? -
- Es como plata pero de otro lado - responde confiado.
Ésta si que no me la esperaba.
- ¿Y cuantos pesos son 10 millones de tréqueles? - pregunto, sin esperar respuesta. Se quedó en silencio unos segundos y respondió:
- Son como 10 pesos.
Menos mal que los tréqueles están devaluados - pienso. Tréqueles. Lindo nombre para una moneda.


En vísperas de cumplir 5 años, Alejo me pidió que le regale un muñeco de Iron Man. Encontrábame en la góndola de los clones miniaturas de plástico de Robert Downey Jr. pregútandome cual comprar. Uno tenía la cara del actor y la máscara podía ponerse y sacarse, además de la pechera. Otro venía con accesorios. Había un Iron Man con el primer traje de lata que Tony Stark construye. Le compré ése, considerando que era más orginal que todos los de armatoste rojo ya que, como Alejo no discrimina a nadie para el mangazo, temía que otro le regalase el Iron Man más convencional.
Cuando se lo dí sus ojitos brillaron de felicidad. Pero la fascinación le duró poco. Otro muñeco le robó el estrellato: Max Steel. Ese ninguneo no fue suficiente. Después me reclamó que no le compré el Iron Man al que se le veía la cara.
Meses más tarde me pregunta:
- Madrina, ¿vos conocés a Max Steel?
Sólo conocía al muñeco que vi en su cumpleaños. Y para incentirvarlo a que me cuente sobre su ídolo, ingenuamente respondí:
- No, no lo conozco.
Su carita mostraba decepción.
- Me rompiste el corazón - me dijo.
- No, como me decís que te rompí el corazón. Conozco tu muñeco de Max Steel, pero nunca vi los dibujitos.
- Ah - dijo no muy convencido - entonces no me rompiste tanto el corazón.
Voy a tener que hacer un curso acelerado de Nickelódeon. Y otro para callarme la boca, por cierto.


Nunca más


La Memoria:

Los viejos amores que no están,
la ilusión de los que perdieron,
todas las promesas que se van,
y los que en cualquier guerra se cayeron.

Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

El engaño y la complicidad
de los genocidas que están sueltos,
el indulto y el punto final
a las bestias de aquel infierno.

Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento.

Los desaparecidos que se buscan
con el color de sus nacimientos,
el hambre y la abundancia que se juntan,
el mal trato con su mal recuerdo.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

Dos mil comerían por un año
con lo que cuesta un minuto militar
Cuántos dejarían de ser esclavos
por el precio de una bomba al mar.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

La memoria pincha hasta sangrar,
a los pueblos que la amarran
y no la dejan andar
libre como el viento.

Todos los muertos de la A.M.I.A.
y los de la Embajada de Israel,
el poder secreto de las armas,
la justicia que mira y no ve.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

Fue cuando se callaron las iglesias,
fue cuando el fútbol se lo comió todo,
que los padres palotinos y Angelelli
dejaron su sangre en el lodo.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

La memoria estalla hasta vencer
a los pueblos que la aplastan
y que no la dejan ser
libre como el viento.

La bala a Chico Méndez en Brasil,
150.000 guatemaltecos,
los mineros que enfrentan al fusil,
represión estudiantil en México.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

América con almas destruidas,
los chicos que mata el escuadrón,
suplicio de Mugica por las villas,
dignidad de Rodolfo Walsh.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

La memoria apunta hasta matar
a los pueblos que la callan
y no la dejan volar
libre como el viento.

Arriba esas copas [*]

¿Quién lo hubiera dicho?. Después de mucho esfuerzo, y de algunos post ladri [cof, cof] llegué al post número 100.
[flashback]: El 100 me recuerda a un papelito que encontré en mi pupitre de mi escuela primaria, cuando estaba en quinto grado, tal vez. Era un mensaje cifrado y si lograba deducirlo significaba [según acusaban las instrucciones] que me gustaba el chico que me lo había dejado [100to x vos = ♥]. La vergüenza de haberlo descifrado me hacía negarlo completamente porque el gusto no era correspondido. Era preferible que me gasten por bruta, a que me dijeran que fulanito me gustaba.-
Para celebrar este grato momento y aprovechando la ocasión de que he sido doblemente premiada por dos distinguidos amigos de la casa, voy a seguir el rito pertinente y repartirlos como corresponde [ya que en la última oportunidad nadie quiso hacerse cargo de llevarse un premio por propia voluntad].
Erica del blog Por amor al cine me entregó el Lemonade Award que se otorga a los blogs que tienen actitud.¡Muchas gracias!

Mis premiados son:
Es lo que hay de Mariano.
¿A vos no te pasa? de Cookie.
Dale Chichi, armá tu blog de Ana.
Bla, Bla, Bla de su Staff.
Cerdos y Cerdas de Diego.
Ciudad Visible de Etienne.
Odiosa de Tolerancia Cero.
Vida secreta de un pescado suelto en la pecera de Dani The Fish.
Nada me detiene de Frank Zappa.
Dolor de ovarios de Minerva.
Porca Miseria de Cecil y Sweet Carolain.
No todo es verso de Blus.
Killer Queen, locura, amor y muerte de Killer Queen.


Mariano de Es lo que hay me convocó al estrado para recibir la siguiente condecoración por blog que se ve bien [según gúgul traductor]. ¡Muchas gracias!. Yo lo bautizo como premio caipirinha. Y también lo cedo para blogs que tienen actitud, que tanto.




Se llevan el premio:

Se dice de Mí de L.
Tearing pages out of daisies de Sole.
Belp Reloaded de Besos en la plaza.
Vos y tus parecidos de Laura I.
El Ojo Blindado de Mariano.
Ajo y Agua de Andrea.
República de Cattópolis de Catto.
El fantasma de Belgrano de él mismo.
Usadas de Cerca de Cecil.
Que parezca un accidente de Sweet Carolain.
Cuenteando de Gaby.
Atrapado en ésta roca polvorienta de Briks.
Por amor al cine de Erica.

En otro orden de cosas, hoy alcanza la fama el sapo de Zombie, que habita entre las plantas de su casa. ¡Muchas gracias por participar!. Con la muestra de sapos contribuimos a desilusionar a tanto turbadito con las hormonas calientes anda dando vuelta en la net [por no decir jeropas].


[Te hago famoso el sapo. Mandame tu foto]


Y como estoy segura que extrañaban (?) mis populares encuestas, se lanza un nuevo cuestionario, que finalizará en el primer aniversario de éste humilde blog que comenzó siendo "Historias de Encuentros" y mutó en "Las historias de Julia":
¿Cómo llegaste acá?:
- buscabas un sapo peludo.
- viste un comentario mío y te preguntaste ¿quién es ésta idiota?.
- querías saber quién te cagó el avatar de Mafalda.
- te lo recomendó el enemigo.
- estaba en los favoritos/marcadores de alguna pc.
- te trajo gúgul por error.
- te lo recomendaron y te gustó.
- a través del blogroll o post de otro blog.
- comenté en tu blog y devolviste la visita.
- dejé un comentario pulentazo en algún blog y quisiste conocerme.
- yo te dije: "tengo un blog, no seas forro/a y leéme".
- haciendo click en "siguiente blog".
- por el artilugio de los seguidores.
- buscando encuestas pelotudas, como ésta.
- no tengo idea / no me acuerdo.
¡Votá YA mismo! [arriba a la derecha]. ¿Qué estás esperando?.
¡Muchas gracias!.
¡Salud![*] Caro dixit

La lluvia y los hongos

Un cuento de Mario Benedetti del libro Esta mañana


¿Sinceridad? Cuidado con la palabrita. Por lo pronto, querida, no era éste nuestro convenio de hace cuatro horas. ¿Recordás lo que dijimos? No existe el pasado. Claro que es difícil abolirlo. Pero reconocé que hubiera sido lindo quedarnos con nuestra imagen de hoy, vos y yo en aquel zaguán oscuro, provisoriamente resguardados del aguacero, vos y yo mirándonos, vos y yo sintiendo que de pronto circulaba entre ambos la corriente milagrosa, vos y yo inscribiéndonos tácitamente en el compromiso de venir aquí, o a cualquier habitación tan sórdida como ésta, para repetir, como siempre con fundadas esperanzas, la búsqueda del amor.
Después de todo, ¿qué crees que es la sinceridad? ¿Que yo te diga lo que te gusta y vos me digas lo que me revienta? Cuidado con la palabrita. La sinceridad (cuando es sincera, porque también hay una sinceridad falluta) siempre nos llevará a odiamos un poco. Ahora me da lástima verte así, tan indefensa, tan iluminada. ¿Querés apagar la luz? Conviene que te cubras, por lo menos. Además, ya no llueve. A lo mejor, tenés razón. Terminada la lluvia, el pasado vuelve a nacer, como los hongos. ¿Querés que empiece por la infancia con padres, con libros y sin ternura? No, esa parte es más bien tediosa. ¿O querés que empiece por la zona de amistad? Ya sé, estarás pensando: cuántas ventajas para el hombre, Dios mío (porque vos decís a menudo diosmío), no cultivan la virginidad ni tienen los pies fríos ni soportan la menstruación, y, como si eso fuera poco, poseen la necesaria ingenuidad para creerse amigos, nosotras en cambio sabemos a qué atenemos: nos encontramos, nos reímos con cierto escándalo, nos besamos simbólicamente con los labios en el aire, decimos pestes de las cuñadas, de las primas, de las presuntas amigas ausentes, comparamos detalles de nuestros novios, amantes o maridos, intercambiamos falsas confidencias y besamos otra vez el aire antes de separamos con la misma sorna, con la misma envidia contenida. Sí, estarás pensando eso, y quizá tengas un poco de razón. Pero la verdad es que a mí no me ha hecho feliz la amistad. Simplemente compruebo. Tuve exactamente tres amigos. Ya ves que no es tan fácil. Sólo tres. El primero se quedó con un sobre que contenía mi sueldo y nunca más supe de él. Con el segundo me tomé a golpes, y las cicatrices respectivas (ésta del pómulo, otra en su hombro derecho) nos impiden olvidarlo todo. En cuanto al tercero, me quitó una novia. No, esa vez yo no estaba realmente enamorado. Lo importante vino después. Fue la única ocasión en que me sentí vivir en pleno, como un animal nuevo y despierto, ágil, sensible, aunque horriblemente preocupado. Estaba, cómo explicarte, deslumbrado ante esos inesperados matices de posesión y de ternura que descubría en los menos comunicables de mis pensamientos. Pasaba como un fantasma por mi empleo, por la calle, por mi casa. Estaba enamorado como puede estarlo un chico de su maestra, o de la amiga de su hermana mayor. ¿Cómo era ella? Bah, era inculta, primaria, pero tenía una sabiduría instintiva que la hacía intocable, una sensibilidad que convertía en perfecto todo cuanto hacía. Hablaba sin gran elocuencia, un poco a balbuceos, pero poseía la elocuencia más dificil: la de las actitudes. Frente al problema más intrincado, su actitud era siempre irreprochable. Tenía un increíble olfato de lo que estaba bien. Un desequilibrio que a la postre me resultó intolerable. Ella me quería, estoy seguro, pero había una suerte de juego mezclado a su amor. Yo tenía una horrible conciencia de no ser tomado en serio. Pero mi amor, llamémosle así, tampoco era limpio. Estaba, cómo te diré, contaminado de respeto. Y así no se puede, claro. Quizá ella tenía la horrible sensación de ser tomada en serio. Nunca se sabe. De todos modos, era un desequilibrio. Un día no pude más y la golpeé. Tuve que hacerlo. La golpeé, la humillé, la obligué a cometer acciones que eran denigrantes en nuestra relación. Tenía que verla alguna vez en una postura horrible, en una actitud absurda, reprochable. Ya sé que es difícil de comprender, no preciso que me mires así. No lo conseguí, claro. Porque ella pudo resistir. ¿No te digo que la obligué? En ese momento pensé que lo había conseguido. Estaba allí, asombrada y despreciable, y yo podía mirarla sin respeto, como si hubiera verdaderamente prostituido su pasado. Pero al día siguiente ella adoptó de nuevo la única actitud irreprochable, la única que podía purificar la inmundicia de la víspera. ¿Todavía no comprendes? Abrió el gas. La maté, claro. ¿Querías decir eso? Fui el culpable, el único, ¿te das cuenta? Y ahora, por favor, hablemos de otra cosa. De tus amores, por ejemplo.


Perdida en Macondo


Deste hace un tiempo tengo la sospecha de que mi casa está tratando de convertirse en Macondo. Las señales son cada vez más claras y contundentes. Aunque todavía no se ha apersonado ninguno de los Buendía, ni los insomnios se han transformado en peste, suceden otras cosas inverosímiles y escalofriantes. Si, tal vez esté exagerando. Pero juzguen ustedes mismos. Éstos son los hechos:

Las hormigas deben creer que tienen un condominio, o están bajo el régimen de propiedad horizontal, o un derecho de usufructo de toda la casa; no se cual será su real confusión, pero el hecho es que habitan en cada rincón. En los canteros, en los techos, debajo del piso, en las paredes. La lucha para su total extinción de estás malditas trabajadoras incansables es tan intensa como su tenacidad. Creo que su objetivo es tirar la casa abajo y quedarse con el terreno. Cuando pensás que ya ganaste la batalla, abrís un placardcito, y encontrás un montículo de tierra, prolijamente depositado, por éstas desgraciadas.

Las avispas encontraron, por segunda vez en el año, un espacio acogedor para construir su panal en la "enamorada del muro" [y dale con esa idea de que el amor es esa simbiosis adherente, pegajosa y afixiante], la flamante enredadera que cubre toda la tapia de mi patio.

[flashback]: Un poco más de un año atrás, una tarde en la que me dispuse a tomar sol [nada más aburrido que tomar sol y encima en el patio de tu casa donde no hay ni una pelopincho] sólo porque tenía un casamiento y era testigo del civil. Al primer manguerazo que me di para aplacar el calor, salieron las malditas y descubrí su guarida. Bajaban a tomar agua. Una no tuvo mejor idea que picarme.

[flashback del flashback]:
Tenía 12 años. Vacacionabamos al norte del país. Nos detuvimos en la ruta, al frente de unos viñedos salteños porque mis primos y yo queríamos sacarnos una foto arriba de unos toneles de madera que oficiaban de publicidad de la bodega propietaria. Saltamos el alambrado [violando la propiedad privada] y mis primos fueron corriendo hasta los toneles para treparse. Con la lentitud que me caracteriza fui la última en llegar. Y mientras estudiaba como subir sin esfuerzo, mis primos saltaron de los toneles por encima mío y una nube negra comenzó a seguirlos. Eran avispas. Empecé a correr tras ellos porque algunas se dirigían a mi, y las sentía metiéndose en mis cabellos. Furiosamente empecé a agitar mi cuerpo y a mover mi pelos como si quisiera batirlos para un peinado setentoso. Mis primos tuvieron muchas picaduras. Mis rulos me salvaron.


No les bastó que rompamos su panal para que meses después volvieran al mismo lugar. Vuelta a eliminarlas, rogando que no vengan por tercera vez.

Como en casa abundan las plantas, también las arañas. Felices ellas de comer insectos afuera. Pero que no ingresen en mis aposentos. No les tengo contemplación ni piedad alguna.

Pero esto no es nada. Hace unos meses, cuando estaba por abrir la puerta para ingresar a mi hogar, posado en la madera a unos centimetros por encima del picarpote se encontraba un bicho rarísimo: el dorso, tal vez alas cerradas, eran de color verde metalizado, tenía 6 patas, y 2 antenas, con una especie de pompón de peluche negro en el medio de cada antena. El tipo [si, le digo tipo al bicho] parecía inofensivo. Lo guardé en un frasco, me harté de mirarlo, y lo dejé ir. Pero volvió y amablemente posó para unas fotos: una de dorso y otra de perfil. Después de la sesión siguió unos días en el mismo lugar, hasta que se fue para siempre. [flashback]: Otro bicho que me deja [con todo el respeto a los bichos; si, le estoy diciendo bicho a algunos tipos].

Para la misma fecha, en el patio, encontré una bala sin usar. En mi mente retumbó una palabra: "hostiles". Pero no por Richard y los suyos. Si no por mis vecinos. Si veía un humo negro saliendo del asador, sin haber prendido el fuego para el asado, ahí si que me mudaba.

¿Alguna vez vieron a una cucaracha comiendo? Si, en mi casa se ven esas cosas. Bueno, sólo dos veces. En menos de una semana. Y dos cucarachas distintas, se los aseguro. En ambas oportunidades entré a la cocina, prendí la luz, y ahí estaba una, comiendo un gota de salsa que se había caído al piso. No se inmutó ante mi presencia porque se estaba dando un festín. La pude matar sin problema porque hasta el último segundo no quiso separarse de su menú, y no tuve que ensayar una coreografía de tap para darle un pisotón. Pensé que nunca más me encontraría con una cucaracha glotona que no huyera ante la luz y la presencia humana, pero anoche, justamente anoche, me topé con otra, cuando me encontraba en una cruzada aun más importante como pronto se enterarán.

Que mi casa es hospitalaria y recibe huespedes, no caben dudas. Siempre y cuando sean invitados, claro está. No como lo que sucedió antenoche: encontrábame en mi cama, leyendo antes de dormir, con la tenue luz del velador. Y por zócalo del placard veo una pequeña sombra que se mueve. Maldigo para mis adentros. Dejo el libro, agarro una ojota [inútilmente], me levanto cuatelosamente de la cama, y la sombra se escabulle, desapareciendo detrás de mi cajonera. Lo que me faltaba. Una laucha en mi habitación. Y yo, que tenía planes de dormir plácidamente y levantarme temprano. Inmediatamente abro la puerta de mi pieza que da al patio y a la voz de "cache, cache", hago entrar a mis perros. Sin comprender demasiado su misión olfatean todo, mientras mueven sus colas, me saludan, y me siguen. No comprendieron cuando les ordené que se quedasen a vigilar si la intrusa decidía salir de su escondite, así que tapé provisoriamente su entrada.

[flashback]: A los 3 o 4 años mi libro preferido, que me leía mi mamá, y que no le perdonaba que se saltée una sola parte porque lo conocía de memoria, trataba de las aventuras de una tierna y preciosa ratita, con un gran moño rosa.

Que distintos son las ratas de los cuentos. Bicho asqueroso. Fui hacia la piecita del fondo, con la esperanza de encontrar aunque sea un trampa para roedores, y sobre un estante, llena de polvo, había una. Le puse un pedazo de queso y la dejé detrás de la cómoda.
El sólo hecho de imaginarme que si la trampa funcionaba y atrapase al asqueroso ser, el chichillido estridente me iba a hacerme saltar de la cama, me daba escalofríos. Pero no tenía otra opción. Decidí que los perros durmiesen conmigo, por si la maldita escapaba, aunque ellos ahora lo único que olían era el queso, y esperaban ligar algo del mismo. Tapé con una madera alta su único acceso y, como pude, dormí. No la sentí en toda la noche. Pero cuando retiré la trampa supe que seguía ahí. La muy hija de puta se me cagó de risa, se comió todo el queso, y se fue a dormir con la panza llena.

Ayer compré veneno para ratas. Son como unas semillitas. Me dijo el vendedor que cuente cuantas les ponía para saber luego cuantas se comía. Puse 13.
La escuché varias veces, en el transcurso de la noche, y me asomé otras tantas, y la vi a la muy escurridiza. Llevaba comida 10 cepitas. Sin embargo la muy guacha no estiraba la pata. Sin poder dormir, con los perros adentro, prendiendo y apagándo la luz a cada instante, pasé toda la noche. El cansancio me vencía, y la puta rata también. Me venía ganando por goleada. Apagué la luz una vez más. Y escuché que hacía más ruido. Cuando prendí la luz, la vi. Venía hecha una spider-rat, trempando cuesta abajo por el placard, y cuando pegué un grito en el mismo momento que me paré sobre la cama, trastabilló y cual paracaidista se tiró en caída libre hacia el suelo. "Cache Dago" grité. Y el perro también se paró sobre mi cama y ladró. La perra no sabía que hacer, pero se avalanzó también a donde señalé. Pero la rata huyó. La muy desgraciada entraba por la luz que queda entre la puerta que da al patio y el piso. Pero con la poca luz no estaba segura, así que di vuelta toda mi habitación, linterna y perros mediante. Se había ido.

Finalmente, a las 7 de la mañana pude dormir. Y soñé que las hormigas de mi casa cargaban a un Buendía sobre los hombros hasta perderse en la enamorada del muro, que Melquíades me vendía veneno para ratas en forma de pescaditos dorados, y que la piecita del fondo era un laboratorio que pertenecía a la iniciativa DHARMA.
I'm lost in Macondo.


No lo vió venir

El momento de la ruptura es incómodo, triste y muchas veces roza el patetismo. Según la fortaleza del vínculo, la ruptura será más difícil, más intensa, y a veces, hasta más postergada.
Jimena y Francisco recién comenzaban a conocerse pero la relación no funcionaba. Evitando ir al choque, y pensado que quizás el problema se debía a que, a causa de la ansiedad de ambos porque la cosa prospere, estuvieran haciéndose planteos fuera de lugar.
- Estaba pensado que deberíamos ir un poco más despacio - sugirió Jimena. - Me gustaría que nos veamos cuando tengamos ganas de vernos, y no porque es fin de semana y "tenemos" que vernos. Creo que tendríamos que relajarnos un poco ¿no te parece?
Sin embargo Francisco, después de haber insistido para que se vean, dijo que era preferible dejar todo ahí. Jimena, a pesar de su desconcierto ante el cambio de idea de Francisco, aceptó sin pretender convencerlo de lo contrario, porque ni siquiera ella misma lo estaba. Lo que más la desorientó fue que él empezó a mostrarse compungido por el fin de sea lo fuere que estaban comenzando.
El silencio trajo consigo incomodidad. Jimena con una mano jugaba con su pelo, mirando hacia ninguna parte, esperando que él tome la iniciativa de algo. Francisco miró el reloj y anunció que se iba. Jimena lo acompañó hasta la vereda. Él caminaba adelante, con la cabeza gacha y ella escuchó que hacía ruido cuando aspiraba por su nariz:
- ¿Estás resfriado? - le preguntó. Y no dijo una palabra más cuando vió que estaba sollozando.
Ya se encontraban en la vereda cuando Jimena quiso consolarlo, diciéndole que no se ponga mal y deseándole suerte. Francisco también le augurió buenos deseos y se abrazaron.
- No me olvides - dijo Francisco, y melodramáticamente dió vuelta 180 grados con toda la intención de alejarse lo más rápido que pudiera de allí. Quizás su retirada hubiera sido más digna, y menos recordada, si no fuera por el poste de señalización que se llevó puesto cuando giró sobre sí mismo. Luego del golpe, tambaleando, y diciendo que estaba bien, Francisco se marchó.
Jimena agradecida.



[Se viene la entrega de los Briks Awards y como resultado de no se que mentes brillantes siniestras, esté blog ha sido ternado, por los lectores, en la categoría "Blog de relatos". Para ganar este inmerecido premio deben enviar su voto a briks04@hotmail.com. Abran su casilla de e-mail y voten[me] ya mismo. ¿Estamos?. Muchas gracias.]


El sexo de los ángeles

Un cuento de Mario Benedetti del libro Despistes y Franquezas


Una de las más lamentables carencia de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón que carecen de los mismos) lo celebran, en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas,que, por supuesto, son angelicales.
Y si Angel para abrir el fuego dice: "Semilla", Angela, para atizarlo responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Angel dice: "Madero" . Y Angela: "Caverna".
Aletean por ahí un Angel de la Guarda misógino y silente, y un Angel de la Muerte viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe. Sigue silabeando su amor.
El dice: "Manantial" y ella: " Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circula en el aire y su expectativa.
Angel dice: "Estoque", y Angela, radiante: "Herida", el dice: "Tañido" y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.



Llevate tu premio


Besos en la plaza
, en un acto de benevolencia, decidió premiarme días atrás con un Meme. ¡Muchas gracias Belp!

Sigo pensando que la palabra meme es detestable y otrora explicamos su significado.
El meme en cuestión indica que debo listar 8 sueños y pasarlo a 8 personas. Sería algo así como "memeando" por un sueño. Bah, por 8 sueños.
Primero pensé en emular a alguna miss mundo y soñar con la paz mundial. Después se me ocurrió cambiar sueños por deseos, que no es lo mismo pero es igual.
Finalmente decidí, por pura rebeldía, elegir canciones que muestran mi ecléctico gusto musical. Esto es lo que vino a mi mente:

Karma Police - Radiohead
La despedida - Manu Chao
El viento a favor - Enrique Bunbury
Lagrimas de plástico azul - Joaquín Sabina
Mareada - Las Pelotas
Confortably Numb - Pink Floyd
My brain is hanging upside down (Bonzo goes to Bitburg) - The Ramones
I still haven't found what i'm looking for - U2
Just like heaven - The Cure
1979 - The Smashing Pumpkins
The Scientist - Coldplay
Read my mind - The Killers
Ellos dicen mierda, nosotros amén - La polla records
Etiqueta negra - Los Redondos
Sr. Matanza - Mano Negra

Y el premio se lo lleva cada uno que comente éste post [y que tenga ganas por supuesto]. El meme es opcional.




Hoy saltan a la fama los siguientes sapos:

Keroppi, customizado por Gaby. Se lo dieron todo verde con la Cajita Infeliz de ya saben que lugar capitalista y ella le pintó una especie de camiseta de Chacarita [según sus dichos] . Los cachetes rosados también los pintó. Muchas gracias


El sapo balconero de Etienne. Lo encontró tomando fresco en el balcón, porque a pesar de ser grandecito es muy escurridizo. Cuenta su dueño que come de todo, sobre todo biruta de metal y virulana. Que nunca se acerque a mis rulos.


Y Cookie, que no quería ser menos, mandó el suyo. No dió detalles al respecto.

¡Muchas gracias por mostrar sus sapos!


Update:
Espero que quien me otorgó este premio no quiera asesinarme por no subirlo antes. ¡Muchas Gracias Killer Queen!


Y por si fuera poco Frank Zappa, como broche de oro [para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero], quiso galardonarme con el mismísimo premio-meme mencionado arriba. ¡Muchas Gracias!

Las barreras [*]

[*]Reposteado

A la hora de tener una cita, muchas mujeres [si no la mayoría] suele preguntarse si debe tener sexo en el primer encuentro. El principal temor es no ser tomadas “en serio”, sobre todo cuando el sujeto en cuestión les gusta mucho. Si no les gusta demasiado, o no les gusta tanto como para tener una relación prolongada, a ese desinterés lo compensan con sexo. En cambio, si es potable como para convertirse en el “hombre de su vida” [así sea por un tiempo efímero, o solo en su fantasía], le niegan toda posibilidad de encuentro carnal en una primera instancia.
- ¡Si no va a pensar que soy una puta!
Por mi parte, nunca me puse reglas en este asunto, soy una convencida de que las cosas suceden y se dan de a dos, sea o no en la primera cita. Cuando se llega al punto de la intimidad, es algo deseado por ambos. Lo natural y lo espontáneo del sexo le da un condimento especial, así la relación no avance. Y si la otra persona piensa mal de mí, como nunca me interesaron los prejuiciosos, ni los machistas, ¿para qué lo quiero cerca?. Mejor lejos.
¿Estos hombres piensan que no se pueden enamorar de una mujer con quien se acostaron sin demasiado preámbulo, es decir, “fácilmente”?. Esto abre otra pregunta: ¿Que es ser fácil?. Ser consecuente con uno mismo, y no ser hipócrita, hacer lo uno siente en forma responsable y sana: ¿es ser fácil?.
Pero en general el mundo femenino y masculino piensa distinto a mí. Hay muchos hombres y mujeres que están dentro de la categoría que considero “machista”.
¿Cuantos hombres descartan mujeres por que les dijeron que si en la primera ocasión? Nunca entendí a esos hombres. Si el sexo en la primera cita les molesta, ¿para que lo buscan?. ¿No es mejor dejarlas en su casa, darles un beso en la frente y llamarlas al otro día?. ¿O acaso es una estrategia para poner a prueba a la “futura mujer tomada en serio”?. Esa falta de honestidad siempre me pareció repulsiva. Prefiero no pasar la prueba, y deshacerme de ellos. Reitero: mejor lejos.
¿Cuántas mujeres rechazan el sexo casual, no porque no lo deseen, si no por las apariencias?.
Otras mujeres no se plantean el interrogante del sexo en la primera cita, porque la respuesta es un no contundente, no hay dudas al respecto, no hay modo de que puedan cambiar de opinión, o considerar que la atmósfera puede ser diferente. Ya tienen incorporado el no, y no se exponen a una situación donde el hombre tenga oportunidad de insistir. Y a veces llevan esta regla, no sólo a la primera cita, si no a la segunda, a la tercera, a la cuarta, o hasta donde piensen que es lo correcto.
Sin embargo, hay otro grupo de indecisas, que piensan en decir “no”, pero llegado el momento no siempre pueden sostener su palabra, y la seducción termina ganándoles la partida.
Muchas de estas indecisas, que saben que son capaces de caer en la tentación, se arman de una serie de barreras, para persuadirse de que no pueden, ni deben tener relaciones. Algunas barreras pueden ser mentiras piadosas como “estoy indispuesta” o algún otro malestar físico. Y otras pueden ser reales, pero no se dicen por cuestiones de decoro [ej: no me depilé], y se esconden los motivos verdaderos con frases como “no da”, “recién nos conocemos”, o “estoy indispuesta” en caso de que realmente lo esté y que no le importe decirlo.
El tema de las barreras a veces resulta, pero muchas de las indecisas terminan derribándolas porque la excitación y la situación las superan. Otras barreras sólo existen en la imaginación de quien las usa, y se deshacen como castillos en el aire.
¿Alguna vez pusiste una barrera? ¿Te funcionó?
Y los hombres... ¿Qué piensan?

Talento 100%


De los comentarios del post anterior surgió el recuerdo de una publicidad para el público femenino que rezaba: "no soy perfecta". Inmediatamente recordé a Juana Molina interpretando a Marcela Balsam del genial programa Juana y sus hermanas:


Y continuando con la campaña "odio a las publicidades" nada mejor que deleitarse con esta parodia de los tan aberrantes "llame ya". Que los disfruten.

Televentas presenta "Manorask", un increíble adminiculo que le rasca la espalda.


Televentas presenta "Kayaboc", el único Kayac del silencio.