'Cómo llegaste al blog' y premio de sopetón

La consulta popular (?) acerca del arribo de los lectores a este espacio cerró con los siguientes resultados:



La opción del comentario pulentazo no fue ganadora [por dos votos], sin embargo fue muy halagador, así hayan votado en joda. Como siempre, haré la lectura de las encuestas a mi favor, qué tanto.

A los 3 que se preguntaron "quién es ésta idiota" espero que hayan saciado su inquietud [y que los haya pisado un tren].

Gracias por participar y no se olviden de votar la encuesta vigente que está a punto de caducar.




Petardy creó un premio con el fin de entregárselo a todo aquel blog/blogger que en sus letras y filosofía deje claro que tiene una meta que alcanzar, unos sueños y objetivos por cumplir o una Cuidad Esmeralda que visitar. Inesperadamente, entre su lista de soñadores, me encontraba yo. ¡Muchísimas gracias Petardy!.
En este humilde pero emotivo acto, le concedo dicho premio a:
Cecil, Sweet Carolain, Gaby, Hernán, Catto, Frank, Dalma, Andrea, Diego, Máx y Luli, Erica, Artus, Etienne, Minerva, Killer Queen y Sole.

¡Salud!

El solitario


Luego de analizar exhaustivamente las espeluznantes búsquedas de google que aterrizan aquí y de quedarnos anonadados al ver la loable cruzada que un pajeronauta realiza en busca de sostén [ver cuadro ut supra] la organización "Julia para todos", con el auspicio de "Fundación Felices las Ceciles" y el patrocinio de la ONG "Yo, Lucho", en un excesivo esfuerzo de producción se complace en inaugurar:

"EL SOLITARIO. Centro de apoyo al pajero [para que no te sientas tan solo]"

La asistencia que brinda nuestra institución ofrece una completa gama de actividades para que el onanista se sienta contenido y sostenido.
En una etapa introductoria se dicta el siguiente módulo:
- Etimología de la palabra onanista y su degradación a pajero. Significación social.
- Introducción a la anatomía: "conócete a tí mismo: tus zonas erógenas".
- Como evitar que el acto de amor propio se convierta en vicio. Ejemplos ilustrados.
- La importancia de la palabra "privacidad". Ejemplos de lugares íntimos. La plaza no es un lugar privado. El por qué el exhibicionismo no es aceptable. Ejemplos de qué no se debe hacer.
El módulo incluye material didáctico y fotos de sapos peludos.

El segundo módulo contiene:
- Introducción al ratoneo y su desarrollo. Estimulación mental para excitarse. Trabajos prácticos. Redacción.
- Análisis de la letra de la canción Dentro de Eduardo Aute.
- La masturbación mutua. Ejemplo de cuándo deja de ser mutua para convertirse en un acto unipersonal.
- La masturbación asistida a distancia. Ejemplo. Trabajo práctico.

Además podrá asistir a los grupos de apoyo que se reunirán semanalmente en dicha institución, donde podrán compartir sus experiencias y sentirse acompañados en su gesta solitaria.

Al finalizar los módulos se le hará entrega de un CD de música de relajación y dos temas de tribuna de cancha de fútbol para que él onanista sienta el apoyo de una hinchada, los cuales finalizan con la voz Luisa Delfino gritando "vaaaamos, dale que ya terminas, vos podés, si, así, dale, seguí que te falta poco".

La organización "Julia para todos" está estudiando qué hacer con las otras inquietantes búsquedas, en pos de contribuir con esta sociedad. Los mantendremos informados.

Muchas Gracias.







Con tonada cordoooobesa


Los nero [(Sust.)Persona, varón, elemento, sujeto, vago, tipo, individuo u hombre nacido o por opción en la provincia de Córdoba. Apodo o nombre "por defeto" asignado a cualquier sujeto del sexo masculino sospechado de el. (Ej. Que hací Varón! - Hola Nero como'andai...). Plural de Nero: "Los nero", conjunto de vagos cordobese en actitud de grupo (ej.: "Los nero rechupadazo saltaban en la tribuna cuando Taiere hizo el gol del empate")] de mi ciudad, involuntaramiente o no, me hacen reír muchísimo. No sólo por sus ocurrencias, si no por la forma de hablar: el cordobés básico utilizado en su máxima expresión.
La clave de la tonada cordobesa es estirar la sílaba anterior a la acentuada. Esto requiere práctica y son pocos los imitadores que la consiguen. Para que sea auténtico es necesario utilizar el léxico autóctono y olvidarse de muchas consonantes. Es indispensable, además, reemplazar el "voy a" por "via" o su variable afrancesada "vua".
Cuando hago uso de algunos de sus términos con gente foránea debo recurrir a la explicación. Muchos se quedan afuera si progongo que "piquemos el champión" [léase: vamos]. Si digo "guaso" para referirme a alguien, alguno piensa que lo traté de ordinario, cuando su significado es parangonable a "nero".
No tengo intenciones de dictarles un curso ya que muchos se tomaron el trabajo de hacerlo, pero si quería ilustrarles con algunos ejemplos cotidianos, a saber:

1. En zona de Piratas [Barrio Alberdi] minutos antes de un partido de fútbol, me encontraba en una esquina detenida por el semáforo. Hacía 40 grados de calor a la sombra [un caloooorón] y tenía ambas ventanillas delanteras bajas. A cada lado había un auto, repletos, ambos, de hinchas de Belgrano, que decidieron hablar entré si, aprovechando la ausencia de barrera de sonido de mi vehículo. Después de escuchar saludos tales a "que hacei titán pantera", "que contai nero culiau", y viendo que el semáforo volvía a rojo, tomé un mechón de pelo y me lo ensortijé en un dedo, a modo de distracción. El sujeto que estaba a mi izquierda notó esto.
- No te hagai lo rrrrshulo - me dijo - te queda lindo asé.
Traté de ignorarlo y continué con lo mío.
- Deeenserio te digo - insistió - te quedan rrrrhse lindo lo rrshulo asé.
- Gracias - le respondí, e impacientándome porque el maldito semáforo no cambiaba, tomé mi celular para mirar la hora y hacerme la distraída, de paso. Pero no pude contener la risa cuando dijo:
- ¡Qué! ¿Vai a agendá mi número?.

2. En un noticiero local, un notero entrevista a una mujer en la puerta de su casa, quien muy indignada, espeta barbaridades sobre un vecino, acusándolo de violador y ladrón, entre otras cosas. El periodista le cede el micrófono a otra vecina que se suma a la escena. Aparentemente la segunda no cuenta con un rosario de puteadas tan amplio como su vecina. Entre los insultos que le propinó al supuesto delincuente se escuchó: "pero q'esperá, si e' un hincha 'e taiere, pecho frío".

3. Amenaza cordobesa: "te vua meté un trompaaadón que te vai'aburrí de caminá paaa'trás".

4. Primer año en la escuela secundaria. Entre los elementos de ese colegio [el año siguiente me cambié] tenía un compañero, "el mono", al que el mote de "cordobesazo" le quedaría chico. Clase de inglés. Enseñarle inglés a un nero de pura cepa es misión imposible, como lo es permanecer serio al presenciar tal esfuerzo.
La teacher tuvo la idea de hacernos representar algunos de los diálogos que venían en el manual. Y me tocó en suerte actuar junto al mono. La escena transcurría en un aeropuerto. El estaba sentado y yo me acercaba para preguntar si el asiento de al lado estaba ocupado. El me decía que si, luego me cedía el suyo y venían las presentaciones, hasta que me ofrecía un cigarrillo.
La primer línea era la siguiente:
- Is this seat taken?
- Yes, it is.
El mono no estaba sentado, estaba echadazo en un pupitre, al lado del pizarrón.
- Is dis sit taiquen? - le pregunté.
- iieeee iiiití - respondió.
Repetimos esa parte mil veces, y la risa no nos permitió continuar. Ieee iiiití. Inolvidable.



Lucas, sus pudores

Del libro Un tal Lucas de Julio Cortázar


En los departamentos de ahora ya se sabe, el invitado va al baño y los otros siguen hablando de Biafra y de Michel Foucault, pero hay algo en el aire como si todo el mundo quisiera olvidarse de que tiene oídos y al mismo tiempo las orejas se orientan hacia el lugar sagrado que naturalmente en nuestra sociedad encogida está apenas a tres metros del lugar donde se desarrollan estas conversaciones de alto nivel, y es seguro que a pesar de los esfuerzos que hará el invitado ausente para no manifestar sus actividades, y los de los contertulios para activar el volumen del diálogo, en algún momento reverberará uno de esos sordos ruidos que oír se dejan en las circunstancias menos indicadas, o en el mejor de los casos el rasguido patético de un papel higiénico de calidad ordinaria cuando se arranca una hoja del rollo rosa o verde.
Si el invitado que va al baño es Lucas, su horror sólo puede compararse a la intensidad del cólico que lo ha obligado a encerrarse en el ominoso reducto. En ese horror no hay neurosis ni complejos, sino la certidumbre de un comportamiento intestinal recurrente, es decir que todo empezará lo más bien, suave silencioso, pero ya al final, guardando la misma relación de la pólvora con los perdigones en un cartucho de caza, una detonación más bien horrenda hará temblar los cepillos de dientes en sus soportes y agitarse la cortina de plástico de la ducha.
Nada puede hacer Lucas para evitarlo; ha probado todos los métodos, tales como inclinarse hasta tocar el suelo con la cabeza, echarse hacia atrás al punto de que los pies rozan la pared de enfrente, ponerse de costado e incluso, recurso supremo, agarrarse las nalgas y separarlas lo más posible para aumentar el diámetro del conducto proceloso. Vana es la multiplicación de silenciadores tales como echarse sobre los muslos todas las toallas al alcance y hasta las salidas de baño de los dueños de casa; prácticamente siempre, al término de lo que hubiera podido ser una agradable transferencia, el pedo final prorrumpe tumultuoso.
Cuando le toca a otro ir al baño, Lucas sufre por él pues está seguro que de un segundo a otro resonará el primer halalí de la ignominia; lo asombra un poco que la gente no parezca preocuparse demasiado por cosas así, aunque es evidente que no están desatentas de lo que ocurre e incluso lo cubren con choques de cucharitas en las tazas y corrimientos de sillones totalmente inmotivados. Cuando no sucede nada, Lucas se siente feliz y pide de inmediato otro coñac, al punto que termina por traicionarse y todo el mundo se da cuenta de que había estado tenso y angustiado mientras la señora de Broggi cumplimentaba sus urgencias. Cuán distinto, piensa Lucas, de la simplicidad de los niños que se acercan a la mejor reunión y anuncian: Mamá, quiero caca. Qué bienaventurado, piensa a continuación Lucas, el poeta anónimo que compuso aquella cuarteta donde se proclama que no hay placer más exquisito / que cagar bien despacito / ni placer más delicado / que después de haber cagado. Para remontarse a tales alturas ese señor debía estar excento de todo peligro de ventosidad intempestiva o tempestuosa, a menos que el baño de su casa estuviera en el piso de arriba o fuera esa piecita de chapas de zinc separada del rancho por una buena distancia.
Ya instalado en el terreno poético, Lucas se acuerda del verso del Dante en el que los condenados avevan dal cul fatto trombetta, y con esta remisión mental a la más alta cultura se considera un tanto disculpado de meditaciones que poco tienen que ver con lo que está diciendo el doctor Berenstein a propósito de la ley de alquileres.

Noticias de ayer



Después de leer ésta nota, me pregunto:

¿Qué demonios hago trabajando con mujeres?

Recórcholis


Testamento - Capítulo séptimo [3ª parte]



El juicio fue largo y duro. Todo estaba en contra de Angélica y nada a favor. La acusaban de haber matado a Mercedes por celos ya que estaba enamorada de Alfredo lo cual no era cierto. Los chismes de Cecilia hicieron todo más confuso.
La defensa dijo que la muerte de Mercedes podía se el suicidio: Ella reconoció muchas veces que no podría soportar la muerte de su madre... además elaboró muy tempranamente su testamento dejándole todo a su esposo. En ese momento y por ese motivo Alfredo podría haber sido su asesino. Luego todo esto se fue descartando de a poco. Si Mercedes se hubiera suicidado cómo tomó el veneno y si Alfredo lo hubiese hecho cómo lo hizo. La más explicable era Angélica: su cartera estaba al lado de la barra y allí se encontró la cicutina.
Las investigaciones de Antonio Prida fueron las claves y salvadoras respuestas. Angélica fue declarada inocente.
Ella no podía creerlo, no salía de su asombro y alegría. Federico cuando vio en ella tanta felicidad sintió que todo volvería a ser como antes.
El mismo día cuando Federico la fue a saludar ella le dijo lo siguiente:
- Todo éste tiempo he pensado mucho... definitivamente se que te amo y que me quiero casar contigo.
Esas palabras cautivaron a Federico. La felicidad había vuelto a golpear las puertas de su corazón que se abrieron ampliamente demostrándolo con un conmovedor abrazo lleno de amor y ternura.
- Yo también te amo... siempre lo hice y deseo profundamente casarme contigo... te amo.

Unas horas antes del veredicto final el inspector Antonio Prida lo citó para hacerle conocer de sus investigaciones. Federico entró preocupado, temiendo que Angélica fuese culpable. Prida estaba sentando en el sillón de su escritorio fumando una pipa.
- Siéntese señor Lucchesi... tengo noticias sobre mi investigación... lo primero que le voy a decir es que Angélica es inocente y ahora le voy a demostrar por qué:
Mercedes quedó muy mal después de la muerte de su madre. Cuando volvió de Europa antes de llegar a su mansión pasaron por la casa de un amigo, uno de los testigos que es biólogo y él oportunamente habló de la cicuta y su veneno. Allí también se encontraba Cecilia Distéfano, otra de las testigos. Luego se retiraron de esa sala para ir a tomar un café. La última persona que salió fue Mercedes la cual tenía en su cartera una botellita de perfume que la vació en el momento y la llenó con cicutina para suicidarse, pero esto no lo pudo hacer tal vez porque no tuvo el valor o porque no tuvo tiempo: antes la mataron.
Me dí cuenta que Mercedes robó el veneno no sólo porque fue la última en salir, sino porque Victorio Urfer me dijo que cuando cerró la puerta de su laboratorio sintió una mezcla de aromas extraños que no había sentido y le preguntó a Mercedes sobre su perfume... la mezcla era el perfume derramado y el olor desagradable de la cicutina.
En mis investigaciones me enteré que la señorita Cecilia fue amante de Alfredo. También de acuerdo a los relatos de los testigos me di cuenta que Cecilia pudo haber visto a Mercedes robar el veneno pero no dijo nada. Ella vio a Mercedes hacerlo.
Cuando acabaron con el almuerzo, Angélica se retiró un momento al toallete. Allí pensó en voz alta y Cecilia que fue detrás de ella escuchó algo asía como: "si no existiera, si no hubiera nacido, todo me resultaría más fácil y ahora estaría casada con él". A esto Cecilia cuando atestiguó le agregó "si no existiera Mercedes" mientras que Angélica se refería a Alfredo y no con intenciones de matarlo sino de no haberlo conocido. También Cecilia agregó a "ahora estaría casada con él" el nombre de Alfredo, mientras que ella se refería a que estaría casada con usted, señor Lucchesi. Es por eso que Cecilia se ocupó de hacer correr la bolilla de que Angélica y Alfredo eran amantes cosa que nunca lo fueron.
Luego Cecilia se quedó arriba mientras que Angélica estaba abajo ofreciéndole un trago a Mercedes y Cecilia estaba buscando el veneno. Cuando Angélica servía el whisky Cecilia justo entró en la sala. Creyendo que el trago era para ella le pidió que le sirviera uno y cuando se dio vuelta Cecilia puso cicutina en el vaso ya servido y guardó la botella en lo primero que vio lo cual resultó ser la cartera de Angélica, porque ésta se había volteado rápidamente para su desgracia porque fue demasiado evidente para mí. El asesinato fue accidental y no le salió bien porque no lo planeó: se le presentó la oportunidad y lo hizo ciegamente. El motivo por el cual quiso matar a Angélica fue porque ella de verdad creía que Alfredo y Angélica eran amantes y como ella realmente estaba enamorada de Alfredo no soportaba que otra mujer le robe ese lugar por más indigno que fuera.
- Todo esto me asombró muchísimo... pero me alegro que Angélica no haya sido capaz.
- Me alegro que los resultados sean buenos... le deseo lo mejor y espero recibir dentro de poco una invitación de casamiento - ambos rieron.
- Si se cumple eso tengo por seguro que lo vamos a invitar.
- Se cumplirá - dijo Prida convencido - Estoy seguro que se cumplirá.

Las palabras de Prida fueron reales. Federico y Angélica se casaron después de un mes desde que finalizó el juicio. Antonio Prida, tal como Federico le había prometido fue invitado.
Alfredo inició más tarde un juicio contra Cecilia por homicidio a Mercedes, el cual fue muy corto y obviamente Cecilia fue culpable y condenada a 25 años en prisión.


* FIN *



Testamento - Capítulo séptimo [2ª parte]



Finalmente llegó la hora del almuerzo. Los primeros en llegar fueron Eduardo Gerbeaud y Carlos Palacios. Ambos eran jóvenes y apuestos. Inmediatamente llegó Elisa Jornet quien era la mejor amiga de Mercedes y ex-compañera de la secundaria. Ella fue la que más notó el decaimiento de Mercedes porque la conocía muy bien, más que nadie. Luego llegaron juntos Cecilia y Victorio. Angélica fue la última en llegar.
Las ocho personas estuvieron conversando en la sala hasta que el ama de llaves anunció la comida. El almuerzo y sus diálogos fueron muy divertidos pero Mercedes no pareció alegrarse. Elisa no sabía cómo hacer para animarla. Ella no la había acompañado en los momentos críticos porque estaba de viaje y no se había enterado del fallecimiento de su madre.
En cuanto terminó el almuerzo, todos volvieron a la sala para seguir conversando. Angélica se retiró unos minutos al toallete. Mientras se arreglaba estaba pensando en voz alta: "si no existiera, si no hubiera nacido, todo me resultaría más fácil, ya ha esta altura estaría casada con él". En ese mismo momento tres golpes en la puerta sobresaltaron a Angélica:
- ¿Eres tú Angélica? - preguntó Cecilia. Angélica abrió la puerta del toallete y sonriendo contestó:
- Si, soy yo. ¿Quieres pasar?.
- Si, gracias.
- De nada, nos vemos abajo.
Todos los invitados estaban muy entusiasmados conversando de diversos temas pero Mercedes continuaba seria. Angélica se acercó a ella y le ofreció un trago:
- Bueno... tal vez me anime con una bebida fuerte - comentó Mercedes - sírveme un wisky con hielo. El whisky está en esa barra y el hielo está en la nevera que se encuentra atrás.
Angélica se fue a servir el pedido. En ese mismo momento Cecilia entró en la sala y se dirigió a la barra:
- ¿Serías tan amable Angélica y me servirías un vodka con ese jugo de frutilla que está ahí arriba?.
- Sí, como no, ya te lo sirvo.
Luego de haber servido los tragos Angélica le llevó el whisky a Mercedes que se lo tomó de un solo trago:
- Siempre lo tomo de un solo trago... siempre que lo necesito - comentó Mercedes y Angélica respondió con una sonrisa.
Las conversaciones de los invitados continuaron. En un momento la charla se interrumpió cuando Mercedes dijo:
- Discúlpenme pero me siento mal... me voy a recostar.
Los invitados la saludaron deseando que se mejore.
- Debe ser por el viaje - comentó Alfredo - desde que llegó no ha descansado y la muerte de su madre que en paz descanse la debilitó mucho.
- Pobre.. me imagino lo que estará sufriendo - dijo Elisa casi murmurando.
- Debe haber sido terrible para ella - comentó Eduadro.
- Si, lo fue - dijo Alfredo - y lo sigue siendo.
Luego de un rato el tema de conversación cambió. Ya había transcurrido casi una hora desde que Mercedes se fue a recostar. Elisa se retiró un momento para ir al toallete y Cecilia fue junto con ella. Luego de unos instantes se escuchó un grito aterrorizado proveniente del hall de la escalera. Cecilia entró corriendo en la sala y con una voz temblorosa dijo:
- Mercedes... Mer... Mercedes esta... esss..tá...mu..muerta... ¡Está muerta, Alfredo, está muerta, tendida en la escalera!
Alfredo se quedó boquiabierto al igual que los demás invitados. Angélica se puso de pie y preguntó.
- ¿Cómo es posible?... ¿Mercedes muerta?.
- No puedo creerlo... no puede ser verdad... ¡¡MERCEDES!! - Alfredo salió corriendo de la sala. Llegó al hall y vio en la mitad de la escalera a Mercedes totalmente pálida sujetada por Elisa que lloraba desconsoladamente.
- ¿Por qué te fuiste, Mercedes?... ¿¡POR QUÉ!? - decía Elisa mientras miraba a Alfredo. Él se acercó corriendo y alzó el cuerpo con sus brazos y la llevó a la habitación. Sus ojos comenzaron a lagrimear y el dolor de esa muerte empezó a hacer efecto.
Mercedes ahora yacía en su cama. Eduardo, Victorio y Carlos entraron en la habitación. Elisa estaba abajo, continuaba llorando y Cecilia trataba de consolarla.
Angélica se sentía desubicada en ésta situación. No sabía si estar con Alfredo y consolarlo o hacer lo mismo con Elisa.
Victorio bajó las escaleras. Angélica estaba por ahí dando vueltas en el mismo lugar.
- Angélica, creo que deberías llamar a un doctor mientras yo le llevo un vaso de agua a Alfredo - sugirió Victorio.
- Mejor hagámoslo al revés. Yo le llevaré el agua.
- Está bien.. dile a Alfredo lo que haré.
Victorio hizo la llama y a los 20 minutos el doctor ya estaba allí. La revisó y al no encontrar los motivos de su muerte dijo:
- ¿Qué es lo último que comió y bebió?.
- Almorzamos todos juntos - contestó Alfredo.
- ¿Qué quiere decir con eso? - preguntó el doctor.
- Que si hubiera intoxicación en los alimentos que todos ingerimos todos hubiéramos fallecido.
- ¿No comió nada que ustedes no hayan hecho?
- Sí - dijo Angélica - comió pan negro y nadie lo hizo salvo ella... lo recuerdo porque me ofreció y me dijo que era la única que lo comía.
- ¿Qué fue lo último que bebió?.
- Un café y un whisky - contestó Alfredo.
- No encuentro causa natural por eso no haré el certificado de defunción. ¿Alguien ya levantó los restos de la comida?.
- Si, pero el pan sobrante lo deben haber guardado - contestó Alfredo.
- ¿Y que hay acerca del café y el whisky?
- Deben estar en la sala. Cerré una puerta con llave y no ha entrado nadie de la servidumbre.
- Bueno... ahora uno de ustedes me va a acompañar para guardar la taza de café que ella bebió, el vaso de su whisky y el pan negro junto con algunas otras sobras de la comida. Lamentablemente deberá intervenir la policía y un médico forense. Creo que le harán una autopsia al cadáver.
- No puedo creer que esto esté pasando - dijo Alfredo para sí mismo.
El doctor guardó todas las cosas mencionadas y llamó a la policía la cual vino con el inspector Prida y un médico forense llamado Jorge Presti.
El doctor Presti investigando los restos de la comida y el líquido que quedó en la taza y en el vaso, descubrió que mezclado con el whisky había cicutina. En la botella de whisky no había nada de cicutina, sólo en el vaso.
La policía encontró en la carte de Angélica una botella de perfume que contenía el veneno.
Cuando Alfredo se enteró de todo estó se acordó de que Angélica le ofreció a Mercedes tomar un trago. Inmediatamente, muy enfurecido se acercó a ella empezó a gritarle descontroladamente, después de haberla acusado de homicidio a la policía.
Como la acusada fue Angélica, la policía dejó ir a los testigos con la condición de que no se fueran de San Isidro.
Federico se enteró de todo lo ocurrido porque Cecilia se llegó a su casa para informárselo.
La autopsia que se le hizo después al cadáver reveló y confirmó que su muerte había sido por ingerir veneno.


[Continuará]



Testamento - Capítulo séptimo [1ª parte]


Alfredo estaba camino a San Isidro, en su coche. A su lado se encontraba Mercedes que acababa de llegar a Buenos Aires. Él le estaba comentando sobre el almuerzo que había organizado. Ella parecía estar conforme con lo que su marido había decidido.
- Ya invité a todos - comentó Alfredo - menos a Victorio Urfer porque no tuve tiempo de avisarle, pero ya que estamos por aquí podríamos pasar y avisarle.
- Bueno... vamos.
Victorio se encontraba en el laboratorio, que tenía en su casa, investigando una planta. Él era biólogo, le fascinaba todo lo referido a las plantas. Cecilia estaba junto a él. Esa mañana fue a visitarlo. Ellos eran amigos desde muy chicos a pesar que se llevaban unos 6 años.
La visita de Alfredo y Mercedes sorprendió a Victorio:
- ¡¡Alfredo!!.... ¡¡Mercedes!!.... Tanto tiempo, no los esperaba por aquí. Mercedes, en verdad lamento mucho lo que te ha pasado, podés contar conmigo para lo que fuera.
- Muchas gracias... me alegra verte - comentó Mercedes despaciosamente.
- Hola Cecilia - dijo Alfredo - Hola Victorio... ¿Cómo estás?.
- Bien, bien, como siempre... por favor, pasen la laboratorio así termino una investigación y luego los invito con un café.
El laboratorio estaba lleno de estantes repletos de frascos y una mesada en el centro con plantas de todo tipo e instrumentos para investigar.
- ¿Qué planta es esa de hojas grandes y flores blancas? - preguntó Mercedes.
- Es la cicuta - contestó Victorio - contiene diversos alcaloides muy tóxicos... es de la familia de las umbelíferas. Sócrates bebió animosamente la cicuta. Es un veneno muy fuerte. Totalmente mortífero. Si, lo es... En uno de sus frutos, especialmente, se encuentra el veneno, denominado cicutina. Su olor es fuerte y desagradable, y su sabor es acre. Éste veneno actúa con gran rapidez. Si la cicutina es pura, es incolora. Aquí precisamente tengo una botella de cicutina - Victorio muy entusiasmado con su charla señaló una de las tantas botellas de una estantería - En medicina - continuó - se la utiliza como estimulante... Creo que los aburrí con mis conocimientos.
- No, todo eso es muy interesante - comentó Mercedes.
- Seguiré trabajando después.. ahora vamos a tomar el café que les prometí.
Todos se pusieron de pie y empezaron a salir. Mercedes fue la última y Victorio le hizo un comentario acerca del aroma de su perfume, antes de cerrar la puerta del laboratorio.
Mientras tomaban el café Alfredo le comentó sobre el almuerzo de ese mismo día.
- Claro que iré.. me encanta estar con ustedes y como hace mucho que no nos vemos tenemos muchos cosas que contar.
Cuando Mercedes y Alfredo se retiraron Cecilia le comentó a Victorio:
- Creo que Alfredo le es infiel a Mercedes con esa tal Angélica Miglierini.
- ¿Por qué dices esos? ¿En qué te basas?.. La señorita Angélica es muy decente y está comprometida con ese tal Lucchesi.
- Estás equivocado.. rompieron sus relaciones hace unas semanas y contestando a tu pregunta me baso en que ayer fui a su mansión y me enteré que ella había pasado la noche allí. Además... ¿por qué Alfredo la invitó a su fiesta si ni siquiera se conocían?. También la invito al almuerzo, y eso que Mercedes poco la conoce.
- Que se hayan hecho amigos tan repentina e inesperadamente no significan que sean amantes. No concuerdo con vos, no creo que lo sean.
- Yo creo que estás ciego... para mí no cabe la menor duda.
- ¿Qué te parece si cambiamos de tema? - propuso Victorio.

[Continuará]




Testamento - Capítulo sexto [2ª parte]



Angélica ocupó la mejor habitación de huésped, la cual era muy amplia, cómoda y confortable, mientras que Alfredo ocupó su cuarto como de costumbre.
La mañana siguiente fue fría. Las secuelas de la tormenta anterior no se habían ido. En muy temprana hora llegó a la mansión una señorita llamada Cecilia Distéfano la cual venía a visitar a Alfredo. Ella vestía muy elegante, poseía una hermosa silueta y era muy sensual. Era una persona muy coqueta. Alfredo la recibió algo nervioso. Esa joven mujer de preciosos ojos azules lo estaba inquietando.
Ellos se encontraban en la sala principal. Angélica entró en la habitación. Se quedó callada por temor a interrumpir la conversación. Cecilia miró a Alfredo con una explresión de sorpresa:
- ¿Quién es ella Alfredo?
- Su nombre es Angélica Miglierini... Ven Angélica, te presento a Cecilia Distéfano.
- Es un placer - dijo Angélica con una agradable sonrisa - ¿Usted no es de aquí verdad?.
- No, soy de la capital... pero tengo una residencia en Martínez.
- ¿No se conocieron en mi fiesta? - preguntó Alfredo,
- Sólo de vista - comentó Cecilia - a propósito, debo reconocer que lucía encantadora.
- Muchas gracias... Usted también estaba muy bella - comentó Angélica.
Cuando la conversación finalizó, Angélica se dirigió a buscar sus cosas para continuar con su trabajo.
Cecilia, en un tono desagradable le preguntó a Alfredo:
- ¿Anoche se quedó a dormir, no es cierto?.
- Si, lo hizo... le encantó muchísimo la habitación de huésped que le dí... ¿Por qué preguntabas?
- ¿Quería saber cuales fueron los motivos por los cuales pasó toda la noche aquí y por qué todavía no se ha retirado?.
- La tormenta le impidió regresar a su casa y ella se encontraba aquí a esa hora porque está haciendo diversos planos para la redecoración de ésta sala, y no se ha ido porque está terminando con el trabajo.
La habitación se inundó en un profundo silencio. Una de las sirvientas entró en la habitación anunciando que llegó un telegrama de la señora Mercedes.

Telegrama de Mercedes a Alfredo. 1º/12

Llego día 3 a las 8:30 hs. Ezeiza. Vuelo 830.


Alfredo suspiró. Luego de un instante le comentó a Cecilia:
- Organizaré un almuerzo con los más íntimos amigos de mi esposa y yo... tal vez eso le haga sentir bien.. quedó muy mal con la muerte de su madre... a propósito, estás invitada al almuerzo.
- Muchas gracias, es un gesto muy gentil de tu parte homenajear de cierta manera a tu esposa para mejorar su estado y también considerarme íntima amiga de la familia - ambos sonrieron - Si no te molesta, ¿me podrías decir a quién invitarás?.
- si, claro... creo que invitaré a Eduardo Gerbeaud, Carlos Palacios... a Elisa Jornet, Angélica Miglierini, a Victorio Urfer y a ti. Supongo que no invitaré a nadie más.
- ¿Por qué vas a invitar a Angélica?.
- Porque quiero que le muestre a mi esposa lo que está haciendo y porque me cae bien y a mi esposa también.
- Claro, entiendo.
Cecilia se retiró de la mansión antes de mediodía. En el camino encontró a unas amigas a quienes les hizo un comentario:
- Creo que esa tal Angélica Miglierini es la amante de Alfredo Rimondi. Anoche se quedó a dormir en la mansión de Alfredo.
Este comentario no tardó en expandirse por todo San Isidro.


* * * * *


Testamento - Capítulo sexto [1ª parte]



Angélica durante todo este tiempo, sólo visitó a Federico unas pocas veces. Su relación era simplemente amistosa. Se llevaban muy bien, contaban sus cosas y se daban consejos, pero ella por su lado estaba trabajando con mucho entusiasmo y eso la tenía muy ocupada por eso no veía a Federico con frecuencia.
Ella era decoradora de interiores, hacía tiempo ya desde que se había recibido pero cuando se comprometió con Federico sus actividades laborales cesaron.
Aprovechando la situación Alfredo la invitó a su mansión para que vea una sala que quería redecorar. Ella aceptó gustosa ya que estaba enganchadísima con su profesión. Realmente le gustaba lo que estaba ejerciendo. Además aprovecharía la ocasión para saber qué era lo que en realidad sentía por Alfredo. Finalmente Angélica se dirigió a la mansión Rimondi. Alfredo la recibó amablemente y luego de una corta conversación la llevó a la sala que quería redecorar. Ésta era enorme, la más grande de toda la mansión. Era muy sobria cuyo estilo era directorio, por eso Alfredo deseaba cambiar la sala con un estilo diferente, más alegre. Angélica le sugirió varios estilos y él escogió uno llamado Art nouveau que en España se denominó Modernismo, el cual comenzó a usarse a principios de siglo.
Mientras Alfredo y Angélica estaban haciendo planes de cómo iba a ser la futura decoración, entró la ama de llaves anunciando la llegada de un tal señor Edmundo Nicolini. Cuando Alfredo escuchó ese nombre se quedó duro:
- ¡¿Edmundo Nicolini?!.
- Sí - asintió la ama de llaves - el señor Edmundo Nicolini desea verlo.
- Está bien- contestó Alfredo - hágalo pasar.
- ¿Quién es? - Preguntó Angélica con intriga.
- ...eh... es... es un viejo amigo. Sólo no lo esperaba por aquí y menos ahora.
- Entiendo - contestó Angélica.
Alfredo se retiró de la sala para recibir al señor Nicolini. Se demoró bastante mientras Angélica hacía unos dibujos sobre la decoración. Al cabo de media hora Alfredo regresó indignado. Su trato ya no era suave para con nadie, y Angélica tuvo que ser víctima de su desahogo hasta que ya no pudo tolerarlo más:
- ¡Espera un momento!... Yo no te he hecho nada para que me trates así. Aunque sea podrías explicarme lo que te sucede.
- Escucha, de veras lo siento... es que me peleé con éste señor que lo único que hace es venir a fastidiarme siempre que puede.
- Te refieres a ese tal... Nicolini... Edmundo Nicolini.
- El mismo... es un viejo meterete... Le debo un dinero que ya se lo voy a pagar y viene aquí con sus tontas amenazas que él no es capaz de cumplir.
- Nunca estés tan seguro de alguien - dijo ella - hasta un amigo íntimo podría hacerte daño, ya sea por dinero o quizás por celos.
Esas últimas palabras pronunciadas por Angélica dejaron pensativo a Alfredo. El silencio invadió por unos minutos esa enorme sala. Angélica continuó con su trabajo y él se quedó observándola.
Antes del anochecer el tiempo había empeorado rotundamente y al anochecer estaba terrible. Una gran tormenta atacó a San Isidro. Un viento inmensamente fuerte y frío se deslizó por la región. Luego los relámpagos y los truenos comenzaron seguido de una fuerte lluvia que no acababa.
Debido a esto Angélica no pudo regresar a su casa, la tormenta se lo había impedido. Alfredo le ofreció quedarse hasta el día siguiente y sin tener otra alternativa ella tuvo que aceptar.

[Continuará]

Testamento - Capítulo quinto [2ª parte]


La última semana de estadía planeada por Alfredo, la señora María había empeorado notablemente, tanto fue así que ella consideró que ya era hora de hacer su testamento, y sin que Mercedes se enterara hizo llamar a su abogado, el doctor Néstor Boubet.
Cuando el mismo llegó a la mansión, Mercedes no se encontraba y ni siquiera se enteró que había ido.
La conversación que tuvo el doctor Boubet fue muy corta ya que ella no podía hablar ni mucho ni bien. Su voz sonaba afónica y sus palabras eran entrecortadas. Sólo dijo lo justo y necesario:
- El testa-men...to.... há-ga-lo.
- Como no, mi querida señora María. Lo haré en cuanto llegue a mi despacho y esta tarde se lo traeré para que lo firme. ¿Dejará todos sus bienes para su hija, no es cierto?.
- Sí... to-dos-los-bie-nes.... to-do.
- Muy bien. Supongo que ya está todo.
- Sí... gra-cias.
- Entonces la veré ésta tarde, mi querida señora. Adiós.
Esa misma tarde, tal como lo dijo, el doctor Boubet llevó el testamento ya formulado para que María lo firme y así ella lo hizo.

Corría el día 22 de noviembre. El llanto desesperado del ama de llaves de María, la señora Luisa Castillo, despertó inmediatamente a Mercedes. Sus hermosos y penetrantes ojos verdes se abrieron ampliamente al ver a la señora Luisa en ése estado y tomándola de los brazos tratando de calmarla le preguntó:
- ¿Qué ocurre Luisa?¡¡¿Le ocurrió algo a mi madre?!!.
- Se... se nos ha ido... se nos fue.
Mercedes se quedó inmóvil. Sus ojos comenzaron a lagrimear muy despaciosamente. Su mirada era fija hacia el suelo. La señora Luisa lloraba desconsoladamente. Mercedes levantó la cabeza y miró a la señora Luisa. Luego un sólo llanto y grito nacieron de Mercedes a la vez:
-¡¡¡NOO!!!...¡¡¡NOO!!!...¿¡¡¡POR QUÉ!!!?...¡¡Por qué!!
Ambas se abrazaron y lloraron muchísimo la muerte de la querida señora María de Lampasona. Ella vio crecer a Mercedes y tenía un gran cariño por todos los integrantes de la familia.
Alfredo consoló muchísimo a su esposa. En unas palabras: hizo todo lo que estuvo a su alcance. La acompañó, la atendió muy bien, la ayudó en el recibimiento de las personas que fueron al velatorio, se encargó del entierro para librarla de todo y no cargarla con nada en esos momentos críticos, pero a pesar de su colaboración ella estaba acabada, tal como lo había previsto: estaba la mayoría del tiempo sin decir una sola palabra, casi no probaba bocado, se encerraba en su cuarto a llorar desconsoladamente. Su cara estaba pálida, sus ojos rojisos de tanto llorar.
Cuando el abogado se enteró del fallecimiento de María, le hizo saber, días después, a Mercedes lo del testamento. Le dijo que debido a que vivía en Argentina, los trámites los iba a hacer velozmente y que en menos de una semana se los iba a entregar. Ese mismo día Mercedes le pidió al doctor Boubet que le hiciera un testamento, y que todos sus bienes se los dejaría a su esposo Alfredo Rimondi. Al día siguiente el doctor Boubet llevó el testamento a la mansión para que Mercedes lo firmara.
Lamentablemente para Mercedes, su esposo no la pudo acompañar más tiempo porque ya no podía descuidar sus obligaciones. Ella lo tomó bastante bien, lo entendió y además no tenía deseo de volver inmediatamente. Quería guardar objetos de valor sentimental que hayan pertenecido a su difunta madre. También quería pensar que iba a hacer con la mansión. Allí tenía muchas obligaciones.
Alfredo emprendió el viaje el 25 de noviembre. Mercedes le dijo que no había problema, que ella estaba bien, pero que en ella había quedado un vacío demasiado grande y muy difícil de llenar.

* * * * *


Testamento - Capítulo quinto [1ª parte]


María de Lampasona estaba recostada sobre su lecho. Su doctor, Luis Altamirano, le estaba tomado la presión. La enfermera Antonela Rodriguez, entraba en el habitación.
Mereces estaba en la sala principal de la mansión, esperando al doctor. Ella estaba muy nerviosa y preocupada, ya que su madre había empeorado.
Cuando el doctor Altamirano entró en la sala, los nervios de Mercedes parecieron activarse aun más de lo que ya estaban.
- Su madre empeoró ayer - comentó el doctor - pero hoy mejoró notablemente. Su diagnóstico es claro: la presión sube y baja continuamente en el caso de su madre, pero una gran suba o una gran baja puede ser fatal. ¿Me entiende?.
- ¡Oh!.... Santo Cielo - dijo Mercedes angustiada - ¿Cuanto estima que le queda de vida?.
- No podría asegurarle nada - comentó el doctor - podría, tal vez ser mañana o como dentro de dos semanas o quizás un mes. Yo le aconsejo que permanezca junto con ella hasta el final... ella siempre me ha hablado de usted con mucho orgullo... Le hace muy bien su estadía aquí.
Luego de esa conversación Mercedes quedó muy angustiada. No estaba preparada para la posible o segura muerte de su querida madre. La amaba profundamente y en su mente repetía "no creo poder soportar su muerte".
Minutos después se decidió por mandarle un telegrama inmediatamente a su esposo. Luego de formularlo se dirigió muy decidida al correo.

Telegrama de Mercedes a Alfredo. 7/11.
"Ven pronto a España. Te necesito. Mamá está mal, te espero. No falles."

Alfredo cuando recibió el telegrama se quedó intrigado. Él realmente no tenía ganas de viajar ya que se había enterado que Angélica estaba de vuelta en San Isidro.
- "Lamentablemente tendré que viajar" - le comentó eso a Angélica en un pequeña llamada telefónica.
En el viaje su mente estaba ocupada con pensamientos referidos a Mercedes, Angélica, negocios y demás.
Cuando Alfredo llegó notó a Mercedes muy desmejorada, demasiado quizás. La enfermedad de su madre la había afectado muchísimo.
En el momento en que se vieron Mercedes dijo con una tenue alegría:
- Querido... ¡Al fin estás aquí!.
Su saludo fue conmovedor. Un gran abrazo significó el calor que desde hace tiempo habían estado necesitando.
- ¿Cómo has estado? - preguntó Alfredo con una voz suave y cariñosa mientras seguían abrazados.
- Muy preocupada... demasiado - reconoció Mercedes - Estoy destruída - Ahí sollozando agregó - ¡¡No soportaría la muerte de mi madre!!.
Alfredo se quedó sin palabras. No supo que contestar. Mercedes estalló en un profundo llanto y Alfredo trató de consolarla en su hombro. Así estuvieron por unos largos minutos pero en la continuidad del tiempo fue sólo un pequeño instante.
María estaba deseosa de ver a su querido yerno, entonces hizo resonar su hermosa y gran campana de oro en una forma agitada. A éste llamado acudió de inmediato la enfermera y en un tono preocupado preguntó:
- ¿Si señora? ¿Se siente usted mal? ¿Qué necesita?.
- Quiero ver a Alfredo - contestó María en una forma lenta y despaciosa.
- ¡Oh! sí, enseguida se lo llamo.
Antonela Rodríguez tenía alrededor de unos 30 años. Su apariencia era jovial y ella era una persona muy simpática y agradable.
Alfredo estaba sentado en un gran y cómodo sillón de una de las tantas salas de la enorme y lujosa mansión. Mercedes se encontraba a su lado. De pronto, a pasos cortos y apresurados entró en la sala la enfermera y con una sonrisa contagiosa dijo:
- Buenas tardes y perdón por la interrupción - Antonela fue interrumpida por Mercedes que dijo:
- Descuide, no hay problema. ¿Qué necesita?
- La señora Lampasona quiere ver al señor Rimondi.
Mercedes movió la cabeza de forma afirmativa a pesar que no estaba afirmando nada. Luego miró a Alfredo y dijo:
- Vamos.... te acompañaré.
María se puso muy contenta cuando vio a Alfredo. Ella lo adoraba. Siempre pensó que era el marido perfecto para su Mercedita. Sin embargo, su marido ya fallecido no pensaba igual. Alfonso Lampasona lo quería, pero no mucho. Lo creía raro y ambicioso. Pero a pesar de eso no se opuso en la petición de mano. Él quería tanto a su hija, que sabía que si la negaba la iba hacer infeliz y además creyó profundamente en los sentimientos que ambos sentían.
Cuando Alfonso Lampasona falleció, en su Testamento, dejó todos sus bienes a su esposa, con el fin de que cuando ella muriera le dejara todo a su hija.
María todavía no había hecho su testamento, siempre lo dejaba para después.


[Continuará]


Testamento - Capítulo cuarto


Alfredo, en ausencia de su esposa, escribió para Angélica una carta. La misma despertó en ella el deseo de volver a San Isidro, ya que en ese momento estaba en La Plata.

Fragmento de la carta de Alfredo para Angélica. 20/10.

"Hace una semana mi esposa se ha ido a Europa y me dijo que se quedaría por dos semanas más.
Deseo enormemente pasar este tiempo contigo. ¿Por qué tuviste que irte a La Plata?. Ojalá que ya hayas finalizado con tus obligaciones.
Quiero verte lo más pronto posible. Por favor, vuelve pronto. Te espero como nunca haya esperado a nadie."

Angélica pensó muchísimo la propuesta de Alfredo. Finalmente, cuando terminó con sus obligaciones, se decidió a regresar, para tratar de aclarar su vida sentimental, que estaba demasiado confusa.
Emprendió el viaje de regreso el 5 de noviembre. Ya hace un mes y 16 días que había conocido a Alfredo.
Cuando llegó se dirigió a casa de Federico Lucchesi. Él estaba leyendo un libro en su biblioteca. Su lectura se interrumpió cuando oyó la voz del ama de llaves anunciando a Angélica. El rostro de Federico se iluminó ya que no la esperaba siendo de que no le había dicho nada de su regreso.
Ella entró a la habitación, demasiado fría, demasiado seria, como si algo le impidiera sonreír como lo hacía siempre.
Cuando él se acercó a saludarla ella se quedó dura. Estaba nerviosa; lo que tenía para decirle iba a ser terrible para él, ya que nunca se lo hubiese esperado.
Asombrado por la actitud de Angélica, Federico preguntó:
- ¿Qué te ocurre querida? Estás rarísima. ¡¿Qué pasa?!.
- Estoy confundida - comentó Angélica - necesito tiempo para aclarar todo.
- No entiendo lo que me quieres decir - dijo Federico - Por favor, explícate - Luego de un suspiro, ella contestó:
- Está bien, voy a ser directa. Lo que te quiero decir es que estoy confundida con respecto a mis sentimientos. No estoy segura de nada. Necesito tiempo para pensar; lo que en realidad quiero es que pospongamos nuestro casamiento.
Federico se quedó boquiabierto. No encontraba ninguna respuesta a esta situación. Lo primero que le vino a la mente fue un gran ¡¿QUÉ?! e inmediatamente lo dijo:
- ¡¿QUÉ?!.... ¿Qué estás diciendo? ¿Qué o quién confundió tus sentimientos?.
Angélica sintió que todo se le caía encima. Ella amaba a Federico pero se sentía sumamente atraída por Alfredo y a esa atracción la estaba confundiendo con amor. ¿Debo contarle quién es?, pensaba en ese momento.
Finalmente se decidió por contarle todo. Federico la escuchaba con mucha atención y cada vez se arrepentía más de no haberla acompañado a París como ella se lo había pedido tiempo atrás.
¿Y si cuando medita se va con él?, pensaba Federico.
Cuando Angélica terminó de relatar lo ocurrido dijo:
- ¿Me entiendes ahora?. Es por eso que quiero posponer la boda.
- Te entiendo - dijo Federico - pero creo que estás en un error. Él es un hombre casado. Por favor, no te conviertas en su amante.
-No lo haré. Si me doy cuenta que amo a Alfredo me alejaré de él, y eso me servirá para no casarme contigo si descubro que no te amo, pero si llego a la conclusión de que te amo me casaré contigo y también me alejaré de Alfredo ya que él me confesó que se había enamorado de mí.
Federico se quedó pensativo por un instante. Suspiró dijo:
- Me alegro que no te conviertas en su amante. No estás tan errada como yo lo creía.
- Al fin escucho de ti algo positivo - dijo Angélica sonriendo. Federico también sonrió y luego dijo:
- Quiero que sepas que si te das cuenta de que amas a Alfredo, lo mismo puedes contar conmigo. Aunque sea no te perderé como amiga íntima.
- Me alegro que hables así... admiro tu forma de tomar las cosas. Yo tampoco quiero perderte como amigo "ÍNTIMO". Vales muchísimo para mi... me pone bien tu compresión.
Esa charla culminó con un gran abrazo: para ella era el agradecimiento por una dulce comprensión; para él una posible despedida del amor de su vida.

* * * * *


Testamento - Capítulo tercero


Ya habían transcurrido tres semanas y dos días desde que Angélica y Alfredo se habían conocido.
Alfredo se encontraba en el escritorio de su mansión, firmando unos papeles. En ese momento entró en la habitación Mercedes. En su rostro se notaba cierta preocupación. Alfredo levantó la vista, sonrió y dijo:
- Ah!... Eres tú - Mercedes no contestó - te noto rara ¿Qué pasa?
Mercedes traía un papel consigo. Vaciló un momento y entonces dijo:
- Recibí una carta de mi madre. Parece que está enferma; y quiere que vaya a verla lo más pronto posible.
- Muéstrame la carta - dijo Alfredo.
- Aquí tienes - Mercedes le entregó la carta. Esta decía lo siguiente:

Mercedita:
No me siento bien últimamente y estoy en reposo por órdenes del doctor que siempre me hace acostar por tonterías.
Desearía verte pronto ya que te extraño mucho. Por favor, ven rápido y trata de quedarte más de 2 semanas.
Hija, te necesito a mi lado. Ven y acuerdate de la estadía propuesta.
Tu madre que te quiere, extraña y necesita.

- María de Lampasona -


- ¿Cuál es el problema? ¿Qué te preocupa?. Sólo no se siente bien y te extraña.
- No es sólo eso - comentó Mercedes - Mamá nunca fue de decir lo que siente o tiene. Quiere verme muy pronto y me pide que me quede másde dos semanas, como si supiera que ese es el tiempo que le queda de vida. Por eso me pide que vaya rápido. ¿Me entiendes?
Alfredo se quedó pensativo con la vista clavada en la carta. Suspiró y dijo:
- Claro que te entiendo, pero tal vez ella no quiso decir eso. Quizás tu lo interpretaste de otra manera.
- Quizás - dijo Mercedes - pero conozco bien a mamá.
- Entonces - dijo Alfredo - lo que tienes que hacer es lo que ella te pide. Ve a visitarla.
Mercedes pensó la propuesta de Alfredo y contestó:
- Si, lo haré... saldré mañana mismo.
- Lamentablemente no podré acompañarte. Tengo mucho trabajo y no puedo abandonarlo.
- Está bien querido, no importa. Además me hará bien tener unas vacaciones tuyas - ambos comenzaron a reírse.
A pesar de que la pareja Rimondi se caracterizó desde siempre por ser una pareja sumamente feliz, Mercedes notó que algo entre ellos no andaba bien... algo había cambiado. Esa magia que siempre los acompañó se había desvanecido.

* * * * *



Testamento - Capítulo segundo

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Corría la primavera de 1957 en San Isidro, Buenos Aires. Allí se radicaban estas tres familias:

Rimondi, Miglierini y Lucchesi.

La primera era la de más poderío económico y muy conocida no solo por eso si no porque desde principio de siglo fue una gran organizadora de las más lujosas fiestas de San Isidro y sus alrededores. La segunda, no tenía tanto poderío económico como la familia Rimondi, pero era una familia muy bien relacionada y la tercera tenía características parecidas a la familia Miglierini.
Angélica acababa de cumplir 28 años el 10 de octubre, el mismo día que Alfredo cumplía 32.
Con motivo del cumpleaños de Alfredo se hizo una fiesta en la que Angélica fue invitada, según lo que entendía Mercedes de Rimondi por razones de negocios con su esposo.
Angélica había conocido a Alfredo en París, el 18 se septiembre. Él había viajado por algunos negocios que tenía pendiente, pero, cuando conoció a Angélica pensó:
"es hermosa; tengo el presentimiento que este viaje se va a convertir en viaje de placer".
Ambos, al conocerse, se sintieron atraídos, no sólo por su aspecto físico, si no también por su carácter.
Las dos semanas que estuvieron en París, llegaron a sentir un gran aprecio mutuo. Sin darse cuenta se estaban comprometiendo afectivamente, a pesar de que Angélica tenía como prometido a Federico Lucchesi y Alfredo estaba casado con Mercedes Lampasona hace más de 7 años.
La personalidad de Alfredo era muy sensual, es por eso que ella se sentía atraída, y esto confundió muchísimo a sus sentimientos.
Él, en un encuentro que tuvieron en París, le dijo que se había enamorado de ella. Ese mismo día le regaló un precioso vestido blanco, y también le prometió que el día de su cumpleaños iba a organizar la más lujosa fiesta que jamás haya hecho en su vida, pero esta vez la iba a hacer solo por ella, aunque eso solo quedaría entre ellos.
Y así fue... Esa fiesta fue la más lujosa de todas las fiestas de la familia Rimondi.
Angélica lucía encantadora con el hermoso vestido que le había regalado Alfredo y un hermoso tocado que tenía en el cabello. Ella era la atracción de la fiesta y el comentario de todos los invitados.
La fiesta duró hasta el amanecer. Todos los invitados felicitaron enormemente a Alfredo por lo maravilloso que lo habían pasado.
Cuando Angélica se fue a despedir a Alfredo éste le dijo:
- ¿Ves?... La fiesta ha sido un éxito, y todo esto fue únicamente por ti.
Angélica suspiró y dijo:
- Gracias, estuvo fantástica... debo irme.... Adiós.

Luego de despedirse, ella comprendió que su confusión era tal, que ya no sabía si amaba a Federico o a Alfredo.

* * * * *

Mi novela adolescente que adolece de adolescencia


Están advertidos de que el único fin de postear esto es para reínos de mi intento de novela policial a mis tiernos 15 años, y que ustedes clamaron por leer lo que transcribo, textual, a continuación. Me tomé la licencia de incluir los tildes faltantes, porque recuerdo que tuve mucha dificultad en poner los acentos con la máquina de escribir.
No me tengan piedad. No sean tímidos.


Testamento - Capítulo Primero.

Angélica se encontraba sentada en el suelo con las rodillas junto a su cuerpo sujetándolas con los brazos en un rincón de la sala principal de la casa del señor Rimondi. Su cara estaba completamente pálida, sus ojos llorosos y en ella había una expresión de tristeza a la vez.
Ella era muy linda, una persona realmente hermosa, pero la expresión que llevaba consigo no hacía notar su belleza.
Unos cuantos policías entraban y salían de la habitación junto a un inspector de la policía.

Angélica estaba en un estado de shok, no reaccionaba, pero en su mente resonaban una y otra vez las palabras que había recibido por parte del señor Alfredo Rimondi: "asesina" "por qué tuviste que hacerlo" "te odio" "te odio", "¿por qué mataste a mi esposa?" "¿por qué?"
Asombrado y atónito entró en la sala Federico Lucchesi. Este de muy buena apariencia, recorrió con su vista toda la habitación. Cuando vió a Angélica en el estado en que se encontraba, sentada, sola y angustiada en un rincón, se estremeció y por primera vez sintió lástima por ella.
Federico se quedó quieto un instante, observándola desde la distancia; vaciló un momento y se dirigió hacia ella con pasos lentos. Cuando llegó, se sentó a su lado, la tomó de las manos y le dijo suavemente:
- Todavía no entiendo nada de lo que ha ocurrido.
La mirada de Angélica era fija y se dirigía hacia un gran ventanal que se encontraba justo al frente de ella al otro lado de la sala.
- No creo que tu hayas hecho algo semejante - dijo Federico.
Él amaba a Ángelica y habían estado comprometidos durante unos meses pero tiempo atrás, en una maldita tarde de primavera para él, todo había acabado.
A pesar de todo lo que había ocurrido, él se dió cuenta en ese momento que tenía que hacer todo lo posible en ayudarla. Sin vacilar se levantó de golpe y fue en busca del inspector.
Este, de apariencia tosca, rasgos marcados, de bigote mediano con una leve onda hacia arriba en sus extremos, de tes blanca, boca fina y alagarda, se encontraba en la habitación siguiente.
Federico al verlo le preguntó con intriga:
- ¿Es usted el inspector de la policía?
- Si - asintió - lo soy. Permitame presentarme: soy el inspector Antonio Prida.
En ese momento ambos estrecharon sus manos y Federico dijo:
- Yo soy Federico Lucchesi, gran amigo de la señorita Angélica Miglierini. Es por eso que me gustaría hablar con usted. Poco estoy informado de lo que ha pasado.
- Al igual que yo, señor Lucchesi - dijo Prida - La señorita Miglierini está completamente shokeada y todavía no he podido entrevistarme ni con ella ni con ninguno de los testigos.
-Quisiera conocer su opinión... ¿Considera culpable a Angélica?.
Hubo por un instante un pequeño silencio. Luego Prida contestó:
- Todo puede ser posible, señor Lucchesi... Ahora no puedo afirmar nada, por más evidente que parezca. Es por eso que debo estudiar el caso.
- Claro - contestó Federico - lo único que quiero pedirle es que analice bien el caso y que me mantuviese informado.
Antonio Prida estaba pensativo, con su mano izquierda en su pera. Luego de un momento contestó:
- La verdad señor Lucchesi es que no acostumbro decir una sola palabra hasta que termine la investigación. Sepa disculparme. Lo que usted podría hacer por la señorita, es conseguirle un buen abogado de las causas perdidas. Creame señor Lucchesi, su amiga está en un gran aprieto difícil de salir. Yo, por mi parte haré todo lo posible por ayudarla pero no olvide que buscaré siempre la verdad y ésta puede ser lamentable.
Federico suspiró y luego dijo:
- Claro, tiene usted razón. Pero yo estoy seguro que ella es inocente. Me encargaré del abogado... adiós.
Ambos estrecharon sus manos y Federico se dirigió hacia la sala principal.
La mente en blanco de Angélica empezó a activarse, a pensar con más claridad, preguntándose como había llegado hasta ahí, cual era el principio. Esta última palabra empezó a despertar la razón de ella y fue ahí cuando comenzó a recordar todo:

"Hace más de dos meses ya. Que rápido pasó".


Un añito y ya camina

Un día como hoy, en un teclado como éste, encontrábame armando, un año atrás, la primera entrada de éste blog. Como aquella lo indica comencé a escribir por insistencia de mis amigas, y sin demasiadas expectativas, inauguré mi cuenta de blogger y llené de palabras éste espacio.
Demás está decir que excedió ampliamente mis pretensiones de un blog. Esperaba que al menos mis amistades me leyeran. Nunca supuse que se acercaría más gente para leer y para comentar. Los comentarios es lo mejor del blog, mi parte preferida. Leerlos, reírme y responderlos es una forma de interactuar que me encantó descubrir.
Mis amigas, ajenas a la blogósfera casi no me leen, y en su reemplazo, me visita gente que conocí a través de blogs vecinos, y con mucha satisfacción puedo decir que también encontré amigos.
Sin embargo, lo que no puedo decir, y esto no es un reclamo, si no quizás una desilusión, es que, a pesar de las historias que se han contado aquí, siendo yo la protagonista en su mayoría, y no porque me crea la femme fatal, nunca he recibido ni una propuesta [in]decente de la platea masculina. No me hagan imaginar que esto se debe a que todos son fiascos en potencia y temen ser escrachados. Tampoco me obliguen a realizar un casting para seleccionar candidatos. [Por favor consignar edad, propuesta [in]decente, talentos, y qué pretende ud. de mi, canalla].

Muchas gracias a todos. De corazón. Gracias.


Update: Briks Awards. [*] Esto sucedió anoche en la entrega:
En el escenario hay una pantalla que refleja datos técnicos del concurso. Así sabemos que se computaron 265 votos más 3 en blanco, 4 impugnados, 2 votos a blogs NO ternados y 3 votos fuera de término.
Por un costado del escenario- sobre en mano - aparece "Sweet Carolaina" (primer plano a su escote generoso):

PRIIIII buenas noches, voy a presentar al ganador de la terna mejor blog de relatos, aquí votaron A LOT, y estuvo muy parejo hasta el final…
pero a último momento el blog ganador logró una apreciable ventaja.

Estamos hablando de… JULIA de "Las historias de Julia"

(Aplausos. Cámara dos enfoca a la emocionada ganadora. Cámara tres se queda con la hinchada, hay una dama con una antorcha, parte de los seguidores la insta a apagarla).



Muchas gracias a quienes me ternaron [confiesen los culpables] y muchas gracias a todos los que me votaron. Es bueno saber que cuento con su apoyo.

[*] Extracto del post de Briks


Ok computer

Las búsquedas en google que comienzan con "mostrame" o "necesito" me remiten a las órdenes emanadas por el Capitán Picard [Star Trek] para obtener información de su fiel servidora. Sólo falta que a éstas búsquedas se les anteponga la palabra "Computadora".



Computadora, necesito saber por qué la gente escribe en forma imperativa en un buscador.


Libros, mentiras y películas


Para la materia Lengua y Literatura, en tercer año, nos encargaron dos trabajos. Uno consistía en escribir una obra de teatro y el otro en un libro.
Para el trabajo de la obra de teatro no estaba muy motivada. No recuerdo con detalles las consignas. Había un mínimo de actos y un mínimo de palabras para presentarla. El plazo de entrega se iba acortando y yo seguía sin inspiración. La profesora iba a seleccionar las 5 mejores obras para que sean representadas, y sus respectivos autores serían los directores de las mismas.
Días antes de que tuviera que entregar mi trabajo, vi una divertida película de los hermanos Coen que me fascinó y decidí recurrir al viejo truco del plagio. No había ánimo de lucro y en realidad hice una magnífica adaptación de Educando a Arizona a un guión de obra teatral. Estaba convencida de que ni mis compañeros ni mi profesora verían esa película [aunque me asusté cuando me enteré que la estaban dando por el cable el domingo anterior a la entrega]. Nunca me descubrieron y mi obra, cuyo título no recuerdo, fue seleccionada.

Para el segundo trabajo, el libro, no sólo había que elaborar su contenido, sino también armarlo: cortar las hojas, escribirlas en doble faz, numerarlas, diseñar la tapa y encuadernarlo. La temática era a elección. Podía ser un libro de cuentos, de dibujos, para colorear, de historietas, poemas, o ficción. Luego serían exhibidos en una especie de feria del libro casera, junto con las obras literarias del otro curso de tercero. Y entre nosotros se realizaría una votación de los mejores. Creo que obtuve una mención. Y con satisfacción conservo mi primer y único, hasta ahora, patético intento de novela policial que mutó en un culebrón venezolano de muy bajo presupuesto. Me causa mucha risa descubrir lo mal que está escrito. Al principio tenía una idea para desarrollar un triángulo amoroso que involucraría a mi inocente protagonista en un crimen que no cometió. El móvil era una herencia. El título, Testamento. Mi madre, que oficiaba de editora, a medida que iba leyendo hacía sus observaciones sobre la trama:
- Julia, no la hagas quedar mal a Angélica. Está mal visto que sea la amante.
Los prejuicios de mi madre sobre la moral de Angélica y lo que pensarían los demás personajes de ella, y mi profesora, me hizo cambiar el rumbo a la mitad de la historia, transformando la lujuria en abnegada amistad y sentimientos platónicos. Y como apremiaba la fecha de presentación, precipité el desenlace. El resultado fue calamitoso y eso es lo que lo convierte en cómico.
He aquí las primeras líneas de Testamento:

Angélica se encontraba sentada en el suelo con las rodillas junto a su cuerpo sujetándolas con los brazos en un rincón de la sala principal de la casa del señor Rimondi. Su cara estaba completamente pálida, sus ojos llorosos y en ella había una expresión de tristeza a la vez.
Ella era muy linda, una persona realmente hermosa, pero la expresión que llevaba consigo no hacía notar su belleza.
Unos cuantos policías entraban y salían de la habitación junto a un inspector de la policía.
Angélica estaba en un estado de shok, no reaccionaba, pero en su mente resonaban una y otra vez las palabras que había recibido por parte del señor Alfredo Rimondi: "asesina" "por qué tuviste que hacerlo" "te odio" "te odio", "¿por qué mataste a mi esposa?" "¿por qué?"

Nótese el tono melodrámatico y la repetición innecesaria del "te odio". Advierta lector, mi insistencia para decir que Angélica estaba re buena. Obsérvese que la primera oración no tiene ni una coma. Fíjese que shock está mal escrito. Recuerde que sólo tenía 15 años.
Si así lo desearean, postearé el resto de la novela [que grande que le queda el término] en sucesivos capítulos. No tienen más que comunicarmelo.