Cuando llegué a mi nuevo lugar de trabajo, mi jefe me puso bajo las directivas de Pocaonda, una administrativa de mayor rango que el mío, quien también cumple funciones de encargada del resto de los empleados. Pocaonda es una mina agradable pero no tiene onda. No toma mate, no escucha música, no se sonríe por nada. Pero Pocaonda tiene algo invaluable: no jode.
No demoré más de 2 minutos en preguntar si la ausencia de mate se debía a que no le gusta o si hay alguna norma absurda que prohibiera su ingesta. La respuesta fue vaga: no tomo pero preguntale al Señor Rubén.
A los 10 minutos noté que todo el mundo lo trata al jefe de Señor Rubén. Además de tratarlo de usted, todos anteponen el "señor" al nombre, sin excepción. Pareciera que le temen y que no le cuestionan absolutamente nada. Todo lo que el Señor Rubén dice es palabra santa.
Desde el primer día que me llevo el equipo de mate. Obviamente no puso objeción a que tomara mate, si no ahí hubieramos tenido nuestro primer conflicto laboral. Soy capaz de quejarme al gremio por un atropello semejante. Con el mate no se metan.
Pocaonda me explicó mis tareas básicas, me enseñó como se hacen las cajas diarias [que son muchas], y todo su método irritante para la presentación de las mismas [esto lo abrochás acá, a esto lo ponés con un ganchito acá, esta hoja va a adelante, a esto lo resaltas con el marcador, a esto le ponés nepacos, etc.] me instruyó en otros menesteres y dejó que yo vaya haciendo para después controlarlo al final. Su método fue lo único que impuso y jamás me apuró para que termine lo que me asignaba. No sacaba conversaciones del clima para "hablar algo". Ella hacía su trabajo, sin interferir en el mío. Pero al Señor Rubén se le antojaron otros planes para mi destino laboral. A los 5 días, cuando me estaba adaptando a la oficina y al trabajo, me entero, casi de rebote, que a partir del día siguiente me transferían al otro establecimiento, para las mismas tareas administrativas, que aun estaba conociendo. "Es todo igual que acá", afirmó Pocaonda, "pero [siempre hay un pero] allá no hay encargado de la parte comercial, así que hay más trabajo con los proveedores".
Volví a ser "la nueva" a una semana de haber ingresado a trabajar. Me presenté con quien cumple la misma función que Pocaonda y en ese instante comprendí por qué me habían dicho "que te sea leve, cualquier cosas pegá el grito" cuando me fui del lugar anterior. Quería gritar, pero del horror. No sólo porque su aspecto es desagradable, si no porque se nota a simple vista que es insufrible. Es la versión femenina, y nazi, de Larry [sin la pelada], de Los Tres Chiflados, después de un atracón de 20 kg. de asado. Es mandona, gritona, jetona, ninguneadora, ególatra, molesta y grasa.
Apenas llegué me hizo un repaso de las cosas que había aprendido y me pidió que hiciera las cajas. Supuse que era lógico que iba a controlar mi trabajo y no me molestaba su presencia. Estaba siguiendo el "método Pocaonda", porque era mucho más práctico que idearme uno nuevo. Pero la Yegua Ninguneadora no estaba conforme.
- Yo soy muy práctica y muy metódica - dijo mientras tomó un papel y empezó a escribir una lista de los pasos a seguir para hacer la caja. No sabía si reíme o decirle que me no me tratara como una estúpida. Pero decidí quedarme piola y ver hasta donde era capaz de llegar con sus enseñanzas de maestra de primaria. Mientras escribía me explicaba:
- Primero haces el control manual de las cajas, después despejás el escritorio. Increíblemente "despejar el escritorio" era el paso número dos. Mi cara de pocos amigos debe haber sido muy evidente.
- Claro - insiste con el item número dos - guardas los cupones, los comprobantes, y dejás el escritorio limpio - Y siguió con el resto de la listita infame, hecha a modo de borrador. Cuando llegué al día siguiente YN había pasado la lista en limpio y la había dejado a la vista.
Y las exigencias rídiculas continuaron:
- Esta hoja va primero, esto lo abrochás arriba, esto Pocanonda lo pone acá, pero acá queda mejor, porque yo soy muy práctica. Esto lo subrayas así, acá haces un línea con la regla y cruzas otra línea acá, y acá pones esto.
La miro y no puedo creer lo que escucho. Antes fue docente. Debe haber sido de esas maestras que le exigen estupideces a los chicos, y cuando ellos llegan a la secundaria preguntan cosas sin sentido, como por ejemplo si a las mayúsculas hay que escribirla con otro color, o si pueden subrayar con azul. Pero ella continúa con sus requerimientos idiotas: Esto lo tenés que hacer con lapicera roja, no podés usar otro color - dice frenéticamente. Y eso que es para controlar una caja que se imprime en un papel borrador, que se guarda un tiempito y después va a parar al tacho. Y que no se me ocurra usar una lapicera que no sea roja para eso. Estimo que si escribo con una lapicera verde explota el mundo. No me imagino que tragedia puede ocurrir. Hoy osé usar una lapicera verde y casi le da un ataque de glucemia. Lástima por el casi.
- Aaaaaay, hoy debo tener "la diabetes" por las nubes - dijo afligida. Jamás se enteró de que lo que le sube es el nivel de glucosa en sangre y que diabetes se llama la enfermedad.
Cuando me vió caer con el equipo de mate casi se infarta.
- ¡¿Podés tomar mate?!- preguntó horrizada.
- Si - le respondí - el Señor Rubén me dijo que sí. Me río por dentro cuando digo señor. Fue suficiente, le nombré a su dios y no resongó, pero me hizo saber lo asombrada que estaba porque me habían autorizado.
La YN es poco o nada querida por el resto de los empleados. Como ella me manda a hacer las mismas tareas, los otros empleados me miran con mucha desconfianza. Deben pensar que soy de la misma calaña. Sólo una se animó a preguntarme si yo estoy ahí porque le van a dar el raje a YN. Y la verdad que ni yo se qué cual va a ser mi función. Por ahora es padecer a YN.
Dentro del establecimiento hay una cafetería y un comedor con acceso al público. Cuando le pregunté a Pocaonda de dónde podía sacar agua para el mate, me dijo que saque de la cafetera express. En el nuevo establecimiento, fui en busca de agua caliente, con mi termo en la mano, muy pancha por mi casa, deseando unos amargos con todas mis fuerzas. Apenas giré la perilla y el termo comenzó a llenarse se escuchó:
- ¡No podés sacar agua de ahí, te van a retar!
La voz chillona era la de ella, la Yegua Ninguneadora. ¿Quién más? No, no, con el mate no. ¿Me van a retar? Me pregunto si también me harán chas chas en la cola. Al rato aproveché una consulta telefónica sobre unos pagos que tenía que hacerle a Pocaonda, y le pregunté si había algún problema para que saque agua caliente. Y allá volví, a la carga, con el termo en la mano rumbo a la cafetera, mientras la Yegua Ninguneadora me miraba estupefacta:
- Le pregunté a Pocaonda y me dijo que no hay problema - y giré la perilla mientras le sonreí. YN hizo un gesto de molestia mezclado con indiferencia, del que se leía una "hacé lo que quieras":
- Y si te dejaron, está bien, qué te voy a decir.
La YN tiene una frase de cabecera: "se jode por zonzo". Es la gran explicación a todas las injusticias e ilegalidades que se cometen. Si a un empleado le faltó mercadería porque se la robaron, se le descuenta de su sueldo y "se jode por zonzo". Si marcó la tarjeta de ingreso 2 minutos tarde, se le descuenta el día y "se jode por zonzo". Si le faltó plata en la caja, se le cobra el importe y "se jode por zonzo".
- Porque acá tenés que ser ágil, despierto - me dice. Quizás cree que trabaja en la Nasa.
Mientras me estaba explicando algo del sistema me advierte que siempre teníamos que verificar que haya a conexión:
- a internés -
Contuve la risa, otorgándole el beneficio de la duda. Se equivocó, pensé. Pero lo repitió. Tuve que mirar por un rato largo el monitor para no reaccionar.
Haciendo referencia al movimiento diario del establecimiento, me comentó que durante la mañana y pasando el medio día la actividad era muy agitada:
- pero más luego, se calma - concluyó.
También se lució en un almuerzo que compartimos, a la fuerza. Me había llevado un tupper con una suculenta ensalada que tenía de todo, hasta cuadraditos de jamón y queso. Ella tenía un tupper minúsculo, con lo que parecía ser una ensalada rusa y atún. Miró mi tupper y dijo:
- Somos verdura vos y yo.
¿Somos verdura? Vos tendrás cara de zapallo, pero de ahí a que seamos verdura, por favor. Aprendé a hablar o callate.
La YN no se imagina la cantidad de improperios que cruzan por mi mente cada vez que se dirige a mí, así sea para decirme en tono de maestra jardinera "hoy progresamos mucho", o en tono de maestra enfurecida "hoy vas lenta". También le dedico cantos de hichanda contra el referí, cuando veo por las cámaras de seguridad que está muy lejos de mi alcance. Es una estúpida que cree que sólo ella puede hacer lo que hace, como si fuera un físico nuclear, ganador de un premio nobel, que está obteniendo asombrosos avances y resultados para generar grandes cantidades de energía con fusión fría. Los zonzos son el resto, que se joden, por tenerla a ella como controladora, que no tiene la más mínima consideración por nadie.
Y en un punto tiene razón, son unos zonzos porque se dejan atropellar de esa manera. Quizás después del primer sueldo se me escape una llamadita anónima al ministerio de trabajo, para que los zonzos tengan un respiro.
No demoré más de 2 minutos en preguntar si la ausencia de mate se debía a que no le gusta o si hay alguna norma absurda que prohibiera su ingesta. La respuesta fue vaga: no tomo pero preguntale al Señor Rubén.
A los 10 minutos noté que todo el mundo lo trata al jefe de Señor Rubén. Además de tratarlo de usted, todos anteponen el "señor" al nombre, sin excepción. Pareciera que le temen y que no le cuestionan absolutamente nada. Todo lo que el Señor Rubén dice es palabra santa.
Desde el primer día que me llevo el equipo de mate. Obviamente no puso objeción a que tomara mate, si no ahí hubieramos tenido nuestro primer conflicto laboral. Soy capaz de quejarme al gremio por un atropello semejante. Con el mate no se metan.
Pocaonda me explicó mis tareas básicas, me enseñó como se hacen las cajas diarias [que son muchas], y todo su método irritante para la presentación de las mismas [esto lo abrochás acá, a esto lo ponés con un ganchito acá, esta hoja va a adelante, a esto lo resaltas con el marcador, a esto le ponés nepacos, etc.] me instruyó en otros menesteres y dejó que yo vaya haciendo para después controlarlo al final. Su método fue lo único que impuso y jamás me apuró para que termine lo que me asignaba. No sacaba conversaciones del clima para "hablar algo". Ella hacía su trabajo, sin interferir en el mío. Pero al Señor Rubén se le antojaron otros planes para mi destino laboral. A los 5 días, cuando me estaba adaptando a la oficina y al trabajo, me entero, casi de rebote, que a partir del día siguiente me transferían al otro establecimiento, para las mismas tareas administrativas, que aun estaba conociendo. "Es todo igual que acá", afirmó Pocaonda, "pero [siempre hay un pero] allá no hay encargado de la parte comercial, así que hay más trabajo con los proveedores".
Volví a ser "la nueva" a una semana de haber ingresado a trabajar. Me presenté con quien cumple la misma función que Pocaonda y en ese instante comprendí por qué me habían dicho "que te sea leve, cualquier cosas pegá el grito" cuando me fui del lugar anterior. Quería gritar, pero del horror. No sólo porque su aspecto es desagradable, si no porque se nota a simple vista que es insufrible. Es la versión femenina, y nazi, de Larry [sin la pelada], de Los Tres Chiflados, después de un atracón de 20 kg. de asado. Es mandona, gritona, jetona, ninguneadora, ególatra, molesta y grasa.
Apenas llegué me hizo un repaso de las cosas que había aprendido y me pidió que hiciera las cajas. Supuse que era lógico que iba a controlar mi trabajo y no me molestaba su presencia. Estaba siguiendo el "método Pocaonda", porque era mucho más práctico que idearme uno nuevo. Pero la Yegua Ninguneadora no estaba conforme.
- Yo soy muy práctica y muy metódica - dijo mientras tomó un papel y empezó a escribir una lista de los pasos a seguir para hacer la caja. No sabía si reíme o decirle que me no me tratara como una estúpida. Pero decidí quedarme piola y ver hasta donde era capaz de llegar con sus enseñanzas de maestra de primaria. Mientras escribía me explicaba:
- Primero haces el control manual de las cajas, después despejás el escritorio. Increíblemente "despejar el escritorio" era el paso número dos. Mi cara de pocos amigos debe haber sido muy evidente.
- Claro - insiste con el item número dos - guardas los cupones, los comprobantes, y dejás el escritorio limpio - Y siguió con el resto de la listita infame, hecha a modo de borrador. Cuando llegué al día siguiente YN había pasado la lista en limpio y la había dejado a la vista.
Y las exigencias rídiculas continuaron:
- Esta hoja va primero, esto lo abrochás arriba, esto Pocanonda lo pone acá, pero acá queda mejor, porque yo soy muy práctica. Esto lo subrayas así, acá haces un línea con la regla y cruzas otra línea acá, y acá pones esto.
La miro y no puedo creer lo que escucho. Antes fue docente. Debe haber sido de esas maestras que le exigen estupideces a los chicos, y cuando ellos llegan a la secundaria preguntan cosas sin sentido, como por ejemplo si a las mayúsculas hay que escribirla con otro color, o si pueden subrayar con azul. Pero ella continúa con sus requerimientos idiotas: Esto lo tenés que hacer con lapicera roja, no podés usar otro color - dice frenéticamente. Y eso que es para controlar una caja que se imprime en un papel borrador, que se guarda un tiempito y después va a parar al tacho. Y que no se me ocurra usar una lapicera que no sea roja para eso. Estimo que si escribo con una lapicera verde explota el mundo. No me imagino que tragedia puede ocurrir. Hoy osé usar una lapicera verde y casi le da un ataque de glucemia. Lástima por el casi.
- Aaaaaay, hoy debo tener "la diabetes" por las nubes - dijo afligida. Jamás se enteró de que lo que le sube es el nivel de glucosa en sangre y que diabetes se llama la enfermedad.
Cuando me vió caer con el equipo de mate casi se infarta.
- ¡¿Podés tomar mate?!- preguntó horrizada.
- Si - le respondí - el Señor Rubén me dijo que sí. Me río por dentro cuando digo señor. Fue suficiente, le nombré a su dios y no resongó, pero me hizo saber lo asombrada que estaba porque me habían autorizado.
La YN es poco o nada querida por el resto de los empleados. Como ella me manda a hacer las mismas tareas, los otros empleados me miran con mucha desconfianza. Deben pensar que soy de la misma calaña. Sólo una se animó a preguntarme si yo estoy ahí porque le van a dar el raje a YN. Y la verdad que ni yo se qué cual va a ser mi función. Por ahora es padecer a YN.
Dentro del establecimiento hay una cafetería y un comedor con acceso al público. Cuando le pregunté a Pocaonda de dónde podía sacar agua para el mate, me dijo que saque de la cafetera express. En el nuevo establecimiento, fui en busca de agua caliente, con mi termo en la mano, muy pancha por mi casa, deseando unos amargos con todas mis fuerzas. Apenas giré la perilla y el termo comenzó a llenarse se escuchó:
- ¡No podés sacar agua de ahí, te van a retar!
La voz chillona era la de ella, la Yegua Ninguneadora. ¿Quién más? No, no, con el mate no. ¿Me van a retar? Me pregunto si también me harán chas chas en la cola. Al rato aproveché una consulta telefónica sobre unos pagos que tenía que hacerle a Pocaonda, y le pregunté si había algún problema para que saque agua caliente. Y allá volví, a la carga, con el termo en la mano rumbo a la cafetera, mientras la Yegua Ninguneadora me miraba estupefacta:
- Le pregunté a Pocaonda y me dijo que no hay problema - y giré la perilla mientras le sonreí. YN hizo un gesto de molestia mezclado con indiferencia, del que se leía una "hacé lo que quieras":
- Y si te dejaron, está bien, qué te voy a decir.
La YN tiene una frase de cabecera: "se jode por zonzo". Es la gran explicación a todas las injusticias e ilegalidades que se cometen. Si a un empleado le faltó mercadería porque se la robaron, se le descuenta de su sueldo y "se jode por zonzo". Si marcó la tarjeta de ingreso 2 minutos tarde, se le descuenta el día y "se jode por zonzo". Si le faltó plata en la caja, se le cobra el importe y "se jode por zonzo".
- Porque acá tenés que ser ágil, despierto - me dice. Quizás cree que trabaja en la Nasa.
Mientras me estaba explicando algo del sistema me advierte que siempre teníamos que verificar que haya a conexión:
- a internés -
Contuve la risa, otorgándole el beneficio de la duda. Se equivocó, pensé. Pero lo repitió. Tuve que mirar por un rato largo el monitor para no reaccionar.
Haciendo referencia al movimiento diario del establecimiento, me comentó que durante la mañana y pasando el medio día la actividad era muy agitada:
- pero más luego, se calma - concluyó.
También se lució en un almuerzo que compartimos, a la fuerza. Me había llevado un tupper con una suculenta ensalada que tenía de todo, hasta cuadraditos de jamón y queso. Ella tenía un tupper minúsculo, con lo que parecía ser una ensalada rusa y atún. Miró mi tupper y dijo:
- Somos verdura vos y yo.
¿Somos verdura? Vos tendrás cara de zapallo, pero de ahí a que seamos verdura, por favor. Aprendé a hablar o callate.
La YN no se imagina la cantidad de improperios que cruzan por mi mente cada vez que se dirige a mí, así sea para decirme en tono de maestra jardinera "hoy progresamos mucho", o en tono de maestra enfurecida "hoy vas lenta". También le dedico cantos de hichanda contra el referí, cuando veo por las cámaras de seguridad que está muy lejos de mi alcance. Es una estúpida que cree que sólo ella puede hacer lo que hace, como si fuera un físico nuclear, ganador de un premio nobel, que está obteniendo asombrosos avances y resultados para generar grandes cantidades de energía con fusión fría. Los zonzos son el resto, que se joden, por tenerla a ella como controladora, que no tiene la más mínima consideración por nadie.
Y en un punto tiene razón, son unos zonzos porque se dejan atropellar de esa manera. Quizás después del primer sueldo se me escape una llamadita anónima al ministerio de trabajo, para que los zonzos tengan un respiro.







