Elige tu propia desventura

Esa noche no podía dormir. Trató de relajarse, de dejar su mente en blanco, pero mientras más lo intentaba, más rumiaba ideas que no alcanzaba a entender con exactitud.
Buscó un anotador y apoyó la punta de la birome sobre la hoja en blanco, como si esperara a que las palabras emergieran por sí solas. Sin embargo no encontró la manera para que la tinta azul trazara más allá de un punto. El cansancio la invitaba a dormir. Se acomodó otra vez en la cama y apagó la luz. Pero cuando sus ojos se cerraron su mente se llenó de imágenes confusas. ¿Eran recuerdos, sueños o imaginación?
El ruido de la agujas del reloj despertador la irritaba, la aturdía. El zumbido del vuelo de un mosquito la ponía en alerta. Daba vueltas enredando las sábanas entre sus piernas. Presa del extraño presentimiento de que esa noche no iba a ser una noche más, decidió prender la luz, sin imaginar lo que estaba por suceder.

Elige tu propia desventura



Doscientas entradas y doscientos seguidores son motivos más que suficientes para festejar. Faltan dos post para el número doscientos y la celebración se viene con premios y sorteos.
Uno de los sorteos viene con mucho atraso desde aquella vez que me entrevistaron, y como las bases de aquél concurso establecían, participan todos los dieron indicios de que escucharon la entrevista en el comentario dejado del respectivo post.
Por el festejo de los doscientos seguidores, y en agradecimiento, se viene otro sorteo, y el premio es sorpresa. Participarán del mismo todos los que comenten este post, y espero que se pongan las pilas todos los seguidores que no comentaron ni una sola vez, y todos los lectores que siguen el blog anónimamente y en silencio. Vamos gente, es hora de que nos saludemos, ¿no les parece?
Y para la celebración de los doscientas entradas se abre un concurso, que consiste en completar la historia inconclusa que leyeron más arriba. No más de dos parráfos que desarrollen el nudo y el desenlace del cuento, y si quieren  pueden incluir  el título. Composión: tema libre. El post doscientos contendrá la publicación de sus historias, sin revelar el autor, y se abrirá una votación a través de los comentarios, que no podrá ser anónima, para evitar los dobles votos. El premio es un libro, pero no diré aun cuál. Animate, piscuí, mandá tu historia a blogdejulia@gmail.com.

Hágase la luz

Padecer de cortes de energía eléctrica, programados y no programados, en época estival, en pleno asfalto, hace que el insoportable calor sea más agobiante, y convierte algunas tareas en imposibles: es muy poco lo que puedo hacer en el trabajo sin una pc.
A media mañana de hoy, sin aviso previo, se produce un corte, indefinido en el tiempo, porque no estaba programado. Aprovecho para archivar algunos papeles que quedaron pendientes, hago algunos controles a mano, y sobreviene el aburrimiento. Empiezo a sentir el calor del sol que entra por la ventana. No es una opción quedarse a oscuras. Sigo con unos papeles, deseando que vuelva la luz porque no quiero acumular más trabajo, ni menos dormirme. Tengo sueño. Preparo más mate. Pero me aburro. Mi compañera de oficina faltó, no tengo con quién hablar, no tengo música. Sólo calor y silencio.
Escucho una voz potente, que aturde, de un hombre que saluda a mis [nuevos] jefes a los gritos. Pero no está gritando. Es su tono y se lo puede escuchar a diez kilómetros, como a un bombo legüero. Se reí a las carcajadas por cosas que cualquier mortal, orgulloso de serlo [?], esbozaría una sonrisa.
- Aaaaah, te pueden cortar cualquier cosa – dice convencido– pero te cortan la luz y te cortan las manos.
Me doy vuelta para ver de la boca de quién viene semejante adagio y veo a un pelado alto, sentado en una silla en la oficina contigua, con el manos libres del celular colgando de la oreja, mientras habla con el más fachero de mis jefes.
El pelado jetón continúa vociferando. Mi jefe se retira unos instantes, porque alguien lo busca. El pelado queda solo. Ahora se calla, pienso. Pero no, tiene un celular y el manos libres siempre listo esperando en su oído. A los gritos habla con su interlocutor:
- Quedate tranquilo que yo le digo al pollo. Dale, dale, dale, dale, dale, dale - Quiero contar la cantidad de dale que dice, pero me pierdo en la cuenta. El interlocutor parece despedirse muchas veces, a lo que el pelado le responde: "listo, dale, dale, dale, dale" y sigue diciendo "dale" por un rato. Hasta le pone ritmo. Si alguien le remixa el "dale", quizás hace el próximo hit del verano.
Vuelve mi jefe. El pelado continúa vociferando y riéndose como hiena estimulada por alguna sustancia ilegal. Mi jefe se retira otra vez. El pelado empieza a cantar. Trato de identificar la canción, pero no la conozco. Cuando llega al estribillo entiendo por qué no me sonaba en lo más mínimo. Creo que la palabra clave fue cuando dijo "Jesús". Maldita memoria, no puedo recordar la letra.
El pelado se despide de mi jefe y se escucha su voz que se aleja hasta perderse en el silencio. La luz no vuelve y se fue el entretenimiento. Mañana me traigo una radio a pilas.


La noviecita paranoica

La noviecita paranoica es un personaje que abunda en pequeñas, medianas y grandes urbes, con diferentes matices según el grado evolutivo de las mismas. La noviecita paranoica, como su descripción lo indica, tiene novio. La palabra clave es “tiene”. Ella no está de novia, ella posee un novio, y ese hecho la hace merecedora de un respeto que cree especial, porque no solamente logró tener novio [sí, lo considera un logro] si no también mantener el noviazgo, porque ella es única, o como ella no hay.
La noviecita paranoica se diferencia de las demás mujeres porque tiene novio, y sólo reconoce como pares a algunas que están involucradas en relaciones estables, con las que se identifica, pero no a todas, porque no puede entender, por ejemplo, como mujeres feas o gordas también tienen novio, porque “tener novio” es un mérito comúnmente relacionado a las lindas.  Suele ser un argumento repetido para descalificar a cualquier mujer, aunque intente disfrazarse el desprecio con el asombro de que pesar de su falta de belleza haya “conseguido novio”, porque en su limitado universo, semejante hazaña es privativa de mujeres triunfantes, concepto asociado a la estética, y noticias semejantes son dignas de sorpresa, como el anuncio de que a Obama le dieron un premio nobel por la paz: “¡es fea y tiene novio!”.
Si la noviecita paranoica no ha sido agraciada con el atributo de la belleza, trasladará el  razonamiento a su inteligencia.
La noviecita paranoica se siente amenazada por la presencia de cualquier mujer soltera que esté física o afectivamente cerca de su novio. Es por esto el atributo de paranoica. No importa si el novio en cuestión es un mujeriego empedernido o la persona más recatada del mundo, si es un adonis o es más feo que apretarse los dedos con una puerta blindada. Ella va a sentir que cualquier mujer soltera, linda o fea, por el sólo hecho de estarlo, codicia la compañía de su preciado objeto amor, como un animal hambriento al que se le ofrece una presa indefensa. Para la noviecita paranoica “las otras” forman parte de un grupo oscuro, que en su afán desesperado por cambiar su estado civil, se transformaron en mujeres competitivas, sin códigos, sin escrúpulos, que se desviven por conseguir un novio, sin interesarles si es un novio ajeno. El novio no es más que una pobre víctima de la mirada y del deseo de una horda de locas, que no tiene poder de decisión, y en caso de ser abordado por alguna soltera en celo, es incapaz de poner límites y no tiene más opción que dejarse llevar, por eso la noviecita paranoica estará en alerta permanente, para protegerlo de las tentaciones, imperdirle que caiga en trampas sin escapatoria y escarmentarlo cuando camine por la cornisa del histeriqueo y de la seducción.
En el caso de que sus pesadillas más sombrías sobre la infidelidad se conviertan en realidad y su paranoia tenga cuerpo femenino, edad y nombre, la noviecita paranoica no dudará en tomar las represalias con la tercera en discordia, quien no tiene con ella ningún compromiso, quien incluso pudo haber desconocido su existencia, o quien podría haber recibido una versión distorsionada de la real situación sentimental del sujeto engañador, y justificará su accionar con razonamientos baratos sobre los motivos del affaire, al punto de echarse la culpa de que su novio se haya sentido atraído por otra, atormentándose con interrogantes sobre qué fue lo que hizo mal, en qué falló, si la otra es más linda, si ella está más gorda y maldita la hora en que dejó pilates. La otra será vapuleada con los insultos más despreciables haciendo juicio de su moral y su persona, mientras que el sujeto engañador llamado novio será eventualmente perdonado,  después de cumplir con ciertos rituales reconciliatorios, sin ser cuestionado en su moral o en su persona, porque para la noviecita paranoica hay una cosa peor que ser cornuda: no tener novio.
La noviecita paranoica devenida en esposa, se convencerá de su elección con el aforismo “no seré feliz, pero tengo marido”, considerando que está en equilibrio  cósmico, cumpliendo con su rol en la sociedad, por encima de las que “siguen” solteras, y que el matrimonio forma parte de sus méritos personales como un éxito más, por más adverso que sea.
La noviecita paranoica debería extinguirse en el siglo XXI. Si usted conoce alguna trate de persualidarla a que cambie de actitud antes de que tenga descendencia y eduque a futuras noviecitas paranoicas. Difícil tarea, sí, pero vale el esfuerzo intentarlo.



Para mim'arte'

Alguna vez conté que mi vieja es Licenciada en Artes Plásticas, y durante mucho años se especializó en grabado. Durante un tiempo tuvo un taller en mi casa, con una prensa que me resultaba enorme y pesada para manipular. Mientras ella hacía sus obras de artes, yo hacía mamarrachos en un papel. Nunca heredé su talento para las artes plásticas, aunque siempre me tildaron de artista en mi familia, pero sospecho que se refieren a otra cosa.
Sin embargo mi vieja insiste en afirmar que yo dibujaba muy bien desde temprana edad, y  fue por tal motivo que cuando tenía 4 años, como ella no quería que ingresase a la escuela con los 6 años ya cumplidos, porque mi cumpleaños cae en julio, convenció a la maestra de Jardín de infantes de que tenía que hacerme algún test  para comprobar que yo estaba madura para ingresar antes a su salita. La prueba irrefutable para mi madre era que dibujaba como si tuviera más edad.
Una tarde calurosa de diciembre mi vieja me llevó a la salita, cuando en mi mente estaban los planes de ir a la pileta. La maestra me dio crayones. Rebelde como pocas, dibujé un cuadrado celeste. ¿Habrá sido una indirecta? Dibujé muchos cuadrados celestes. Armé cuadrados con maderitas. La tarde de pileta estaba perdida y no hice más que piletas en la salita con todo lo que me dieron a mano. Mi vieja quería que la tragase la tierra. Lógicamente no entré y comencé mi ciclo lectivo como la ley mandaba.
La obra de mi vieja me encanta. Hay cuadros de ellas en todas las casas de nuestros parientes y de muchos amigos.
Aquí les dejo uno de ellos . Es un grabado con técnicas mixtas sobre metal, inspirado en el poema de Federico García Lorca “Romance de la luna, luna”, que representa un niño llevando de la mano a la luna en la parte superior de la obra y en la parte inferior puede verse un pajarraco, como dice la autora. Elegí este porque viene acompañado de un poema que a mi vieja le gusta y este post es para ella.




Romance de la luna, luna 

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.





Una vez más

Los invito a que se pongan cómodos y se acovachen que, por si fuera poco, esta semana posteé dos veces. Los espero por acá y por acá.

Muchas gracias


Este no es un adiós

Ya no voy a escuchar más la pregunta 'qué santo somos' cada vez que ella quiere ubicarse en el almanaque. Tampoco voy a conocer nuevas palabras, como la del verbo 'titilear' con sus conjugaciones correspondientes: 'esas luces titilean'.
No voy a oir más sus protestas en las que invoca a Jesús y a los Santos Evangelios, cada vez que algo trascendental sucede y acaba con su tranquilidad, como cuando el teléfono no da tono inmediatamente, o la fotocopiadora se traba: 'Ay Jesucristo, dame paciencia'
No voy a extrañar sus corridas, su mal humor, sus sobresaltos, sus gritos, sus melodramas por cosas sin sentido. No voy a extrañar contener la risa y soltarla cuando no pueda verme, ni oírme, en episodios similares a este: un empleado no tenía la remera puesta dentro del pantalón, y YN fue a 'retarlo', como a un niño del jardín de infantes. El empleado aludió que su falta se debía a que el pantalón tenía la bragueta rota, y como no le dieron un uniforme nuevo, estaba con la remera suelta, para que no se viera. La reacción de YN fue la de pedirle que se levante la remera para verlo con sus propios ojos:
- Entonces lo revisé - se jactaba después - y cuando vi que tenía todo descosido, le dije: ay, González, le dejaste abierta la jaula al pajarito, se te va a escapar.

Las últimas horas del último día del año laboral, las pasé lejos de YN. No, no renuncié. Según la misma YN, como hago 'el trabajo administrativo bien', vuelvo a la administración central con Pocaonda, por órdenes del señor Rubén, por supuesto, y ella tendrá una nueva víctima para torturar.
Pero esto no es un adiós. Y espero que tampoco sea un hasta luego, al menos cara a cara. Por el trabajo seguiremos teniendo contacto teléfonico. Y quizás le solicitice a alguien el servicio de inteligencia para que oficie de espía, y pueda mantenerme al tanto de sus andanzas.
Retomaremos, entonces, nuestra programación (?) habitual.