Para que la inocencia les valga, aquél día del inocente se me ocurrió bromear con la idea de que alguien había llegado a mi vida, dentro del marco de las historias que se contaban por acá. Visto de ese ángulo, un acontecimiento semejante era algo que rozaba lo increíble, no porque no fuera capáz de estar bien con un hombre, sino porque no me lo creía, no lo veía factible, lo negaba. Podría haber elegido otro tópico para hacerles caer en la duda, pero elegí el que menos veía posible, con el aditivo de que la escena imaginada parecía salido de una película cursi.
Sin embargo, no mucho tiempo después me di con que la inocencia la tenía yo: si me podía pasar y me pasó, aunque muy lejos de las hadas, los sapos y los príncipes, para mi suerte. Quizás la historia que nunca escriba sea esta, la más linda, la más romátinca, la más importante, porque no tiene fiascos, ni furcios, ni metidas de pata, salvo en los comienzos cuando le mandé un mensaje diciéndole que iba a salir con un tipo, y el tipo era él. Es una historia que no es graciosa, pero que tiene muchas risas, las nuestras, las que compartimos. Es una historia que estamos viviendo, que empezó con soledades y continúa con compañía, con ilusiones, con proyectos.
El fin de año nos sorprendió en una casa, la nuestra, la que estamos refaccionando, aquerenciando, disfrutando. No creí que me podía pasar y cuando pasó, por primera vez me dejé llevar. Y qué bueno que fue así.
Sin embargo, no mucho tiempo después me di con que la inocencia la tenía yo: si me podía pasar y me pasó, aunque muy lejos de las hadas, los sapos y los príncipes, para mi suerte. Quizás la historia que nunca escriba sea esta, la más linda, la más romátinca, la más importante, porque no tiene fiascos, ni furcios, ni metidas de pata, salvo en los comienzos cuando le mandé un mensaje diciéndole que iba a salir con un tipo, y el tipo era él. Es una historia que no es graciosa, pero que tiene muchas risas, las nuestras, las que compartimos. Es una historia que estamos viviendo, que empezó con soledades y continúa con compañía, con ilusiones, con proyectos.
El fin de año nos sorprendió en una casa, la nuestra, la que estamos refaccionando, aquerenciando, disfrutando. No creí que me podía pasar y cuando pasó, por primera vez me dejé llevar. Y qué bueno que fue así.



