Le quedaban unas materias por rendir y tenía que viajar a su ciudad, porque la vida la había sorprendido viviendo en otra. Juntar el dinero para el pasaje no fue fácil, apenas les alcanzaba a ella y a su reciente marido para llegar a fin de mes. Viajó, se instaló en casa de sus parientes unas semanas para terminar de preparar los exámenes. Rindió, aprobó. Se había convertido en licenciada, lejos del festejo de baños de huevo y lluvias de harina, porque eran otras épocas. Era momento de regresar. Y otra vez la falta de dinero se hacía evidente. Días antes le había escrito una carta a su marido, anticipándole sus planes: iría al casino para jugar los últimos pesos que le quedaban y con lo que ganara iba a poder comprar el pasaje y de yapa regresar con plata.
No pasó mucho tiempo para que los pusiera en marcha. Con pasos firmes entró al casino, concentrada, repitiendo en su mente el número al que le iba a apostar. Cuando pasó por la primera mesa lo escuchó, pero continuó caminando, decidida a apostar en la última. Ni siquiera se detuvo a comprar fichas. No había tiempo para nimiedades. Llegó a la mesa situada al final del salón. Puso el dinero en el número que quería. La ruleta giró y el croupier cantó el número que ella había jugado. Juntó sus fichas, y las canjeó en la boletería. Salió victoriosa del casino, y esta vez, mi vieja pudo costear una llamada de larga distancia, para avisarle a mi viejo que lo había logrado y que estaba de regreso a casa.
No pasó mucho tiempo para que los pusiera en marcha. Con pasos firmes entró al casino, concentrada, repitiendo en su mente el número al que le iba a apostar. Cuando pasó por la primera mesa lo escuchó, pero continuó caminando, decidida a apostar en la última. Ni siquiera se detuvo a comprar fichas. No había tiempo para nimiedades. Llegó a la mesa situada al final del salón. Puso el dinero en el número que quería. La ruleta giró y el croupier cantó el número que ella había jugado. Juntó sus fichas, y las canjeó en la boletería. Salió victoriosa del casino, y esta vez, mi vieja pudo costear una llamada de larga distancia, para avisarle a mi viejo que lo había logrado y que estaba de regreso a casa.













