Están advertidos de que el único fin de postear esto es para reínos de mi intento de novela policial a mis tiernos 15 años, y que ustedes clamaron por leer lo que transcribo, textual, a continuación. Me tomé la licencia de incluir los tildes faltantes, porque recuerdo que tuve mucha dificultad en poner los acentos con la máquina de escribir.
No me tengan piedad. No sean tímidos.
Testamento - Capítulo Primero.
Angélica se encontraba sentada en el suelo con las rodillas junto a su cuerpo sujetándolas con los brazos en un rincón de la sala principal de la casa del señor Rimondi. Su cara estaba completamente pálida, sus ojos llorosos y en ella había una expresión de tristeza a la vez.
Ella era muy linda, una persona realmente hermosa, pero la expresión que llevaba consigo no hacía notar su belleza.
Unos cuantos policías entraban y salían de la habitación junto a un inspector de la policía.
Angélica estaba en un estado de shok, no reaccionaba, pero en su mente resonaban una y otra vez las palabras que había recibido por parte del señor Alfredo Rimondi: "asesina" "por qué tuviste que hacerlo" "te odio" "te odio", "¿por qué mataste a mi esposa?" "¿por qué?"
Asombrado y atónito entró en la sala Federico Lucchesi. Este de muy buena apariencia, recorrió con su vista toda la habitación. Cuando vió a Angélica en el estado en que se encontraba, sentada, sola y angustiada en un rincón, se estremeció y por primera vez sintió lástima por ella.
Federico se quedó quieto un instante, observándola desde la distancia; vaciló un momento y se dirigió hacia ella con pasos lentos. Cuando llegó, se sentó a su lado, la tomó de las manos y le dijo suavemente:
- Todavía no entiendo nada de lo que ha ocurrido.
La mirada de Angélica era fija y se dirigía hacia un gran ventanal que se encontraba justo al frente de ella al otro lado de la sala.
- No creo que tu hayas hecho algo semejante - dijo Federico.
Él amaba a Ángelica y habían estado comprometidos durante unos meses pero tiempo atrás, en una maldita tarde de primavera para él, todo había acabado.
A pesar de todo lo que había ocurrido, él se dió cuenta en ese momento que tenía que hacer todo lo posible en ayudarla. Sin vacilar se levantó de golpe y fue en busca del inspector.
Este, de apariencia tosca, rasgos marcados, de bigote mediano con una leve onda hacia arriba en sus extremos, de tes blanca, boca fina y alagarda, se encontraba en la habitación siguiente.
Federico al verlo le preguntó con intriga:
- ¿Es usted el inspector de la policía?
- Si - asintió - lo soy. Permitame presentarme: soy el inspector Antonio Prida.
En ese momento ambos estrecharon sus manos y Federico dijo:
- Yo soy Federico Lucchesi, gran amigo de la señorita Angélica Miglierini. Es por eso que me gustaría hablar con usted. Poco estoy informado de lo que ha pasado.
- Al igual que yo, señor Lucchesi - dijo Prida - La señorita Miglierini está completamente shokeada y todavía no he podido entrevistarme ni con ella ni con ninguno de los testigos.
-Quisiera conocer su opinión... ¿Considera culpable a Angélica?.
Hubo por un instante un pequeño silencio. Luego Prida contestó:
- Todo puede ser posible, señor Lucchesi... Ahora no puedo afirmar nada, por más evidente que parezca. Es por eso que debo estudiar el caso.
- Claro - contestó Federico - lo único que quiero pedirle es que analice bien el caso y que me mantuviese informado.
Antonio Prida estaba pensativo, con su mano izquierda en su pera. Luego de un momento contestó:
- La verdad señor Lucchesi es que no acostumbro decir una sola palabra hasta que termine la investigación. Sepa disculparme. Lo que usted podría hacer por la señorita, es conseguirle un buen abogado de las causas perdidas. Creame señor Lucchesi, su amiga está en un gran aprieto difícil de salir. Yo, por mi parte haré todo lo posible por ayudarla pero no olvide que buscaré siempre la verdad y ésta puede ser lamentable.
Federico suspiró y luego dijo:
- Claro, tiene usted razón. Pero yo estoy seguro que ella es inocente. Me encargaré del abogado... adiós.
Ambos estrecharon sus manos y Federico se dirigió hacia la sala principal.
La mente en blanco de Angélica empezó a activarse, a pensar con más claridad, preguntándose como había llegado hasta ahí, cual era el principio. Esta última palabra empezó a despertar la razón de ella y fue ahí cuando comenzó a recordar todo:
"Hace más de dos meses ya. Que rápido pasó".